El Telégrafo
Ecuador / Domingo, 31 de Agosto de 2025

Para las vísperas y procesiones cantadas, la Iglesia estableció que se pagarían 2 pesos al cura, uno a cada diácono, uno al músico, un real al fuellero, 2 reales al sacristán y un real a cada acólito.

Por las procesiones se cancelarían los mismos derechos, con la diferencia de que, por la cruz alta y ciriales se abonarían 12 reales: 6 para el sacristán y 3 para cada acólito.

Si hubiere más sacerdotes, cada uno ganaría lo mismo que un diácono.  Los párrocos estaban obligados en conciencia a aplicar gratis la misa en días festivos y tenían derecho  al cobro de la primicia, según la costumbre antigua del obispado; y la autoridad eclesiástica cuidaría del cumplimiento de los feligreses.