San Blas cambia para el turista, sin perder la tradición

- 10 de septiembre de 2019 - 00:00
Otro de los atractivos del barrio San Blas es la plaza Belmonte, aquí hay pizzerías con sillas en el exterior.
Foto: Carina Acosta

Cafeterías, galerías de arte, pizzerías, tiendas de recuerdos e incluso el Mercado Central son un atractivo de este sector norte del Centro Histórico de Quito.

La calle Antepara, en el sector de San Blas, centro de Quito, se destaca por los elegantes locales que fusionan modernidad y tradición.

Resalta la cafetería Atávico por sus adornos, joyas y sombrillas que cuelgan del tumbado. Atávico viene del latín atavus, que significa mantener las costumbres propias de otra época.

Ese es justamente el concepto que manejan Hambar Ayala y Patricia Calderón, dueñas de la cafetería, donde se recuerdan las tradiciones y personajes del barrio. “Nuestro lugar tiene como finalidad rescatar la cultura ecuatoriana, por eso se ve variedad de elementos, como máscaras, esculturas y también las tradiciones del sector”, explica Hambar.

Entre los personajes locales destaca la señorita Dila, conocida como la Dama de los Paraguas.

Por años ella se encargó de restaurar las sombrillas en la casa E3-52 de la calle Antepara, pero en 1995 cuando el negocio dejó de ser rentable, pues más barato era comprar una nueva sombrilla, las que ella coleccionaba quedaron arrumadas en su sala.

Hambar y Patricia recogieron algunos de estos objetos para exhibirlos en su local y así rendir homenaje a la señorita Dila.

En esta cafetería se ofrece un amplio menú vegano y vegetariano y, obviamente, hay un lugar especial para el café ecuatoriano. Zular es una de las marcas que se ofertan. Se trata de un café que se tuesta y muele en San Blas, en la calle Caldas.

En una casa de fachada blanca se esconde una pequeña planta de café ecuatoriano. Al ingresar por el pórtico se percibe el aroma, pese a que el día de la visita habían tostado los granos.

Su dueña, Beatriz Rocha, comenta que la idea del café surgió de su suegra, que por más de 40 años fue dueña de la panificadora San Vicente. “Como el pan siempre se come con una tacita de café, ella decidió elaborarlo para sus clientes, pero lastimosamente con su muerte el negocio cerró”, detalla.

Años después optó por retomar el negocio del café, pero de forma más estructurada. Creó una marca y ahora ofrece variedades que vienen de plantaciones de Zaruma, Loja y del noroccidente de Pichincha.

Otro de los negocios que llama la atención en la calle Antepara es “La Oficina”, un bar en el que se elabora cerveza artesanal. Más abajo está “Raíces”, un café galería que ofrece artesanías, pero donde también se puede degustar buena comida.

La Antepara no deja de sorprender. Aquí está The Secret Garden, uno de los hostales más cotizados.

Sin duda, otro de los atractivos del barrio es la plaza Belmonte, ubicada en la calle Vicente León. Frente a ella hay pizzerías con viseras  y sillas que llegan hasta las veredas. La intención es que los turistas contemplen la plaza mientras disfrutan de pizza o espaguetis.

Hacia la calle Oriente se encuentra la Galería Dulce Ecuador, propiedad de Rocío Oñate, que ofrece sombreros elaborados a mano. “Somos de Saquisilí, allí los hacía mi papá, pero cuando murió se hizo cargo un señor que aprendió el oficio”, comenta Oñate.

Aquí también hay deliciosa comida y mucha tradición, pues se prepara el rosero quiteño, una bebida tradicional. Además, hay una hamburguesa pensada en quienes no comen carne, que es elaborada con mote.

En la misma calle Oriente se encuentra el hostal Quito Backpacker, el cual ofrece hospedaje barato para los turistas.

San Blas se convirtió en una zona turística por todos los hostales que hay cerca, comenta Gabriel Salazar, dueño de Backpacker. En la zona funcionan más de 45 negocios de este tipo.

Dichos hostales tienen precios que oscilan entre los $ 10 y $ 15 la noche. Por ello, muchos mochileros llegan al sector. Aunque el precio es importante para ellos, ese es solo uno de los factores que los lleva hasta la zona.

El Mercado Central es una parada obligada para quien visita el sector.

Las “caseritas” aprendieron palabras en inglés para llamar a los turistas y explicarles el menú. (I)  

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