La Ipiales acaparó las ventas de última hora

25 de diciembre de 2011 - 00:00

La calles de la ciudad lucieron vacías ayer. Parecía que todos se habían concentrado en la tradicional Ipiales, ese conjunto de locales comerciales que caracterizan al casco colonial y donde se encuentra “de todo un poco” a precios módicos.  

Los pasillos del centro comercial El Tejar y Hermano Miguel estaban abarrotados. Ropa, zapatos y artículos para el hogar encabezaron la lista de regalos. “Todo está caro, pero la familia espera algo por Navidad. Poco se habla ya del sentido espiritual”, comentó Marcelo Llano (36 años), quien llegó con su esposa y dos hijos para que eligieran su obsequio, el que debía ajustarse al presupuesto de papá.

En medio de ese tumulto de gente, donde no había espacio para los niños y ancianos, estaban Luis Moreno (78 años) y su esposa Gladys Cueva (61 años) colocando sobre una mesa las radios y planchas para la venta. Con paciencia colocaron cada artículo para atraer la atención de los transeúntes, pero la gente caminaba impávida porque sus ojos se fijaron en los zapatos de oferta que rodeaban al improvisado negocio.

El próximo 3 de abril serán dos años desde que Luis salió de su local, unos metros más abajo, porque había el riesgo de un derrumbe, pero la remodelación no ha concluido. “Trabajo en esto desde hace 55 años, soy uno de los fundadores del Ipiales, pero ahora me siento como un damnificado esperando el apoyo de mis compañeros para que me permitan vender frente a sus locales”.

Gladys no logra controlar las lágrimas. “A veces la gente se molesta porque cree que les obstruimos el paso, pero no tenemos a dónde ir. Si no vendemos no comemos”, contó la mujer, que no tenía nada planeado para Navidad. “Siempre pasamos solos”, anotó con nostalgia. Su deseo para el próximo año es que le devuelvan su local y así aumentar sus ventas.

Los comerciantes más audaces galantean a las jóvenes y ofrecen mayores descuentos a los caballeros. En ese ir y venir de ofertas navideñas nadie se quedó sin regalo.

“El negocio está bueno, no puedo quejarme. Por eso tengo que aprovechar al menos hasta las 22:00. ¿Y la Navidad? Comeré algo aquí mismo porque en la noche solo querré descansar. Mañana (hoy) hay que abrir a las 08:00”, dijo Francisco Loor (65 años), propietario de un local de ropa desde hace 10 años.

En las calles, unos salen con  grandes  maletas de compras y otros llegan con el mismo propósito. Y sobre la acera estaban Caterine (17 años) y Mariana (35 años), llevando un canasto de choclo con fritada y papas con salchicha que venden en porciones desde 50 centavos.                    

No podían permanecer en un mismo sitio porque las ventas ambulantes están prohibidas y la Policía Metropolitana debía hacer cumplir la disposición.    

La madre y las hermanas de Caterine también venden comida. Cada una recorre  de arriba a abajo el Centro Histórico en busca de clientes. “En esta época la gente está más preocupada de los regalos, pocos se interesan por comer, pero tenemos que trabajar pase lo que pase”, comentó resignada.     

Dado que toda su familia estaba trabajando, en casa nadie tuvo tiempo de preparar la tradicional cena de Navidad. “Hoy trabajaremos  hasta la medianoche para vender afuera de las iglesias, cuando se celebra la  Misa del Gallo”. 

Mientras los compradores estaban inundados por el espíritu navideño, los comerciantes del Centro Histórico querían aumentar sus ventas. No obstante, hubo quienes se tomaron un tiempo para regalar fundas de caramelos a las personas que a diario trabajan en la zona, ya sea cargando las compras o recogiendo la basura que queda después de la jornada concluida.

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