La ciudad alteró su rutina con llegada de las movilizaciones

23 de marzo de 2012 - 00:00

El anuncio de la llegada de dos movilizaciones a la capital cambió la rutina de sus habitantes. Las clases fueron suspendidas y los ciudadanos prefirieron estar en casa para evitar cruzarse con las manifestaciones. 

Hasta el mediodía en el sur el tránsito era normal en los alrededores de la Villaflora y La Marín, incluso la congestión vehicular disminuyó.  

Las actividades comerciales se desarrollaron normalmente en el centro y sur de la ciudad, pero fue evidente  la presencia de cordones policiales en Guamaní, donde descansaron los indígenas que hace 15 días partieron desde Zamora Chinchipe. Lo mismo sucedía en el parque El Arbolito y los alrededores del Centro Histórico,  donde los negocios abrieron pasadas las 09:30.

Las notarías, entidades bancarias y negocios de comida aledaños al Palacio Legislativo no cerraron sus puertas y esperaban la llegada de las marchas. “Cuando hay concentraciones masivas como estas suben las ventas”, comentó Clara Sasi, vendedora.

En el Centro Histórico, el patio de comidas Palacio Arzobispal no atendió al público por el temor de posibles desmanes. Solo el tradicional local de sánduches Hogarama estuvo abierto. Pero conforme avanzaba la mañana y las movilizaciones se acercaban al centro de la ciudad por la avenida Diez de Agosto, desde el norte, y por la avenida Maldonado, desde el sur, el panorama cambió.

Las calles Guayaquil, Venezuela, Bolívar y Chile fueron cerradas al tránsito vehicular por la llegada de miles de personas que respaldaban al Gobierno. Las ventas ambulantes se convirtieron en los únicos proveedores de agua, caramelos, comida rápida y golosinas para quienes copaban las distintas plazas aledañas al Palacio de Carondelet.

El sistema de transporte integrado Trolebús no operó en el Centro Histórico. En sentido norte a sur solo llegó hasta la parada El Ejido y desde el sur solo avanzó hasta la Terminal El Recreo.

El Corredor Sur Oriental dejó de circular por la ruta de la avenida Maldonado y continuó por la vía del Trole, en el tramo comprendido entre Quitumbe y la Terminal El Recreo.

23-3-12-quito-locales-cerradosEn el norte de la capital, el tráfico fue fluido, aunque varios ciudadanos informaron que hubo menos unidades de   transportes. La Ecovía también alteró su servicio y  operó desde la Terminal Río Coca hasta La Colón, porque fue suspendida la circulación por la avenida Seis de Diciembre.

En el sur, los buses se vieron obligados a tomar vías alternas hasta llegar a la avenida Mariscal Sucre y avanzar hacia el centro y norte de Quito, ya que la marcha organizada por la Conaie se tomó la Maldonado, después la Napo y el sector La Marín.

El ajetreo era mayor en las inmediaciones del parque El Arbolito. Los buses que llegaban desde distintos sectores del país para participar en la marcha de respaldo al Gobierno congestionaron el área aledaña al coliseo Rumiñahui. Más de 30 policías de tránsito acudieron al lugar para regular el flujo vehicular. No fue cerrada la avenida Patria al paso de los manifestantes que se reunieron en el parque El Arbolito.

Para evitar el congestionamiento, se destinaron dos zonas de estacionamiento  en el parque Itchimbía, la calle    Cuscungo y la avenida Simón Bolívar, pero resultaron  insuficientes hasta  las 09:00 para recibir a los 250 buses.

En el parque El Arbolito los comerciantes instalaron pequeños quioscos de comida y las sombrillas se vendieron como “pan caliente”, al igual que las  gorras. “Solo nos pidieron que dejemos limpio el parque y podemos vender libremente”, contó una de las vendedoras.

Para garantizar el buen estado del lugar, la Emaseo destinó 46 obreros de barrido, dos hidrolavadoras y 56 puntos de acopio de basura, que a las 12:30 empezaron las labores de limpieza, luego de que la primera marcha abandonara el sitio con dirección a la Plaza de la Independencia. 

El Municipio de Quito explicó que el parque debía estar en óptimas condiciones para recibir a la movilización indígena, que llegó después de las 13:00. A esa hora, el Municipio de Quito fue cercado por miembros de la Policía Metropolitana y el tránsito seguía cerrado en el Centro Histórico.  

El alcalde de la ciudad, Augusto Barrera, monitoreó las  dos marchas a través del sistema de vigilancia ojos de águila y sobrevoló la ciudad en un helicóptero de la Policía Nacional. Aunque no se produjeron desmanes, el Cuerpo de Bomberos atendió a cuatro personas que se habían desmayado.

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