Ya somos demasiados

- 12 de julio de 2016 - 00:00

Somos demasiados seres humanos sobre este planeta. Esta es la conclusión a la que llega el periodista estadounidense Alan Weisman en su más reciente libro: La Cuenta Atrás, en donde nos advierte, a través de entrevistas y recuentos realizados alrededor del mundo, que la población humana sobre la Tierra es insostenible.

Hemos superado los 7 mil millones de habitantes, y los cálculos estiman que llegaremos a los 10 mil para el año 2050. Si bien la tasa de natalidad en el planeta está disminuyendo, la población seguirá aumentando por varias décadas más, en las que deberemos ver de dónde sacamos recursos que hoy en día ya escasean, principalmente, el agua potable. Hace pocos años nos advertían que las guerras del futuro serían libradas por el agua. Bueno pues, el futuro ha llegado. Chile y Bolivia se enfrentan diplomáticamente por el uso del sistema hídrico Silala, que nace en Bolivia pero de vital importancia para los chilenos. Las tensiones entre Pakistán y la India, en la región de Cachemira, mucho tienen que ver con que esa región es en donde se origina gran parte del agua que riega ambos países.

En nuestro país, uno de los de mayor abundancia en el mundo en este recurso, el control del agua ya ha desatado controversia y tensiones entre el Gobierno y varias organizaciones sociales. Puede ser que aún no nos sea escasa, pero en pocos años más, ciudades como Quito deberán encontrar alternativas a los glaciares de nevados como el Cotopaxi y Antisana para abastecerse de agua, ya que estos otrora eternos bloques de hielo parecen tener los días contados.

El cambio climático, considerado como la mayor amenaza que enfrenta la especie humana, es indiscutiblemente un producto de nuestra forma de vida. El problema no es solamente que somos demasiados para lo que este planeta puede proveer, sino que cada uno de nosotros consume mucho más de lo que nuestros padres y abuelos consumían cuando tenían nuestra edad. Si bien las tasas de natalidad están decreciendo en la mayoría de países desarrollados, en gran parte de América Latina, África y el sur de Asia, el panorama es desalentador. Una mezcla de ignorancia sobre reproducción sexual, falta de políticas públicas, y la carencia de recursos asignados para planificación familiar, están creando una bomba de tiempo. Las zonas más pobres son las que más crecen poblacionalmente, y son justamente los pobres quienes llevan la peor parte ante los desastres naturales provocados por el cambio climático.

Aún estamos a tiempo de revertir esta tendencia, y el paso más importante, aduce Weisman y otros expertos, es garantizar que las mujeres tengan mayor acceso a la educación. Más mujeres mejor educadas equivale a menores tasas de natalidad; mujeres más empoderadas cuyas metas en la vida superen la idea de únicamente ser madres. Debemos reducir nuestro crecimiento poblacional y aprender a convivir con el resto de especies; de no hacerlo, tristemente podremos ser los causantes de nuestra propia destrucción. (O)

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