Jordan Peterson y el lenguaje totalitario

- 06 de mayo de 2018 - 00:00

Es profesor de psicología en la Universidad de Toronto, y una autoridad mundial en el ámbito de los símbolos relativos a la vida psíquica. Jordan Peterson ha denunciado la semiología de los autoritarismos durante gran parte de su carrera. En sus estudios ha concluido que fenómenos como el nazismo o el estalinismo tienen sus orígenes en visiones del mundo colectivistas y totalitarias.

Él llegó a conclusiones parecidas a las de académicos de otras disciplinas, como Hannah Arendt. Peterson cumplía su función de enseñanza sin mayores percances hasta que llegó el día en debió experimentar, por sí mismo, los embistes de la intolerancia. Eso solo lo había conocido en libros.

En 2016, el Gobierno de Canadá discutió el proyecto de Ley C-16, que obligaría a los ciudadanos a utilizar artículos inclusivos, no relativos al sexo biológico. La normativa en esencia no suena mal. Peterson reconoce que no tiene problema (y nunca lo tuvo) en llamar “ella” o “él” a cualquier persona de acuerdo a la identificación de género que prefiera. Eso no constituye un conflicto.

Sin embargo, el académico denunció un elemento muy conflictivo en esa norma: La posibilidad de que sea el Estado quien defina, de manera coercitiva, cómo consolidar el lenguaje. Esta sería, esencialmente, una circunstancia autoritaria, antinatural, y violenta.

El lenguaje es la primera manifestación del pensamiento y quien lo controla tendría la puerta abierta para dominar la mente. La lengua no puede ser sujeta al autoritarismo burocrático, dijo.

Es un fenómeno libre y así debe permanecer. Un ejemplo del intento por apropiarse de aquello que puede decirse (y puede pensarse) es la NeoLengua, del universo distópico de George Orwell. Un idioma represivo que encarcela la última libertad de los humanos: la palabra y las ideas. Peterson no discute el derecho de autodefinirse libremente. Cuestiona que el Estado deba decirnos qué tipo de pensamientos estamos autorizados a tener.

Los ataques que el académico ha sufrido, desde entonces, por ideologías violentas, son una advertencia. ¿Qué nuevo tipo de totalitarismo pretenden imponer a nombre de las “causas buenas”? Seamos críticos. Aprendamos de la historia. (I)

Andrés Ortiz Lemos
Docente de Ciencias Sociales y Humanas U. Central

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