Luego de la conquista del espacio por parte del astronauta ruso Yuri Gagarin, en 1957, nace una nueva era histórica que yo la denomino la Era del Conocimiento.
El mundo con internet empieza a cambiar en forma dramática y progresiva, pues las noticias se propagan en forma exponencial; más aún, la participación ciudadana, mediante el uso de medios digitales que se trasmiten en segundos, produce grandes controversias, locales, nacionales y mundiales.
Estas comunicaciones empiezan a minar las estructuras del Estado y afectan a los principios de la democracia convencional como nosotros la conocemos: libertad, igualdad y fraternidad, las que nacen gracias a la toma de la Bastilla y la Revolución francesa (1789), que crea los tres poderes del Estado: Presidencia, Congreso o Asamblea y Judicial.
Al conocerse los acontecimientos, de inmediato provocan un gran desgaste, pues ahí se evidencia el terrible grado de corrupción, abusos de poder, ignorancia, apoyo a grupos guerrilleros y narcotráfico, con todos los antivalores que producen estos hechos y acciones que no pueden mantenerse ocultas, y los gobernantes quedan al desnudo.
De ahí que las universidades, los centros e instituciones de investigación deben inventar un nuevo sistema político que nos gobierne, tomando en consideración, sobre todo, la velocidad con la cual se conocen los hechos y la manera en que trasmitimos e interpretamos las noticias; olvidándonos de la democracia como hoy la conocemos.
Por lo pronto, se me ocurre que todo político debe tener un título universitario de magíster para poder participar. Igual cosa debe exigírsele al Poder Judicial; la preparación universitaria avala que las decisiones que se tomen tengan un mayor grado de conocimiento, preparación y sensatez; pero poca esperanza tengo en que el título de magíster pueda corregir o garantizar transparencia y honestidad en las terribles condiciones de inmoralidad y corrupción en que vivimos.
Creo que es vital, como dije en mi artículo anterior (2020-04-22), que todas las instituciones de educación: prekínder, kínder, escuelas, colegios, así como las instituciones de educación superior, universidades y cursos de educación continua, implementen en forma inmediata, permanente y coordinada la enseñanza de ética, valores y principios. Desde las primeras edades hasta la madurez. (O)
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