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Ecuador/Vie.7/May/2021

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Despertar es la consigna para lograr un mundo de igualdad

08 de marzo de 2020 00:00

En septiembre de 2020 se cumplirán 25 años de la Declaración de Beijing a favor del empoderamiento de la mujer. Sin embargo son pocos los avances alcanzados. En el país, la violencia de género continúa latente y en todos los ámbitos. En muchas ocasiones el inconveniente surge desde la casa, donde a más de reconstruir los estereotipos machistas se limitan los sueños y aspiraciones de niñas y adolescentes. Aquí nace, precisamente en muchos casos, el primer acoso, la primera agresión sexual, que en varias ocasiones termina en una violación de los propios familiares que incluso se traducen en embarazos no deseados, donde las pequeñas no pueden ni siquiera decidir sobre los mismos. Según el Informe del Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa), de octubre de 2018, Ecuador es el país de América Latina y el Caribe con el índice más alto de embarazos adolescentes.

Aquí, 111 de cada 1.000 jóvenes de entre 15 y 19 años cursaron un embarazo, la mayoría no deseado. Por eso el pedido insistente a los poderes Legislativo y Ejecutivo de que el aborto por violación sea permitido. Hasta el momento ambas instancias lo han rechazado, incluso existen procedimientos judiciales para visibilizar el tema. Ahí es indispensable que la lucha femenina siga porque toda conquista a favor de la mujer ha sido hecha por nosotras, nadie nos ha regalado nada. Sobre todo cuando la existencia de una ley de erradicación de violencia no ha sido efectiva hasta el momento. Así lo reveló la Encuesta Nacional sobre relaciones familiares y de violencia de género de 2019, donde se evidenció que la violencia psicológica es la predominante, con el 19,2% en el ámbito educativo y 17,2% en el campo laboral. Además 24 de cada 100 mujeres han sufrido agresión sexual a lo largo de su vida; y nueve de cada 100 lo han vivido en los últimos 12 meses en su contexto social y una de cada cuatro mujeres experimentó violencia física en el ámbito de pareja. La situación trasciende al ámbito universitario, donde el 52% de acoso sexual está dirigido a las mujeres; entre estudiantes se evidencia a través de las expresiones verbales y con docentes en el abuso de poder de los mismos. Hay protocolos de actuación en todas las instituciones de educación superior y gracias a estos se ha visibilizado el problema. Esto debe permitirnos despertar y seguir en la pelea por un mundo de igualdad. (O)