¿Cómo el cine visualiza la guerra? ¿Cuál es la sensación de estar en medio de un bombardeo inclemente cuando se trata de sobrevivir? ¿Cuál es la perspectiva de los distintos actores en una guerra? Muchas de estas preguntas podemos hacernos con Dunkerke, de Christopher Nolan, película cuyo centro es la acción colectiva de rescate en el marco de la guerra. Sabemos que Dunkerke fue un hito dentro de la II Guerra Mundial para los ingleses. Digamos que la película prescinde de una historia con sus niveles de complejidad. Más bien tiene historias fragmentarias y sencillas, narradas desde tres puntos de vista: tierra, aire, mar. En cada una hay personajes cuyo diseño dramático son esbozos; lo importante es que percibamos que están a expensas del destino con el que lidian. Nolan hace un ejercicio destacado de la tragedia con personajes anónimos que saben que sus fuerzas son aleteos ante el poder de algo superior. Las claves del filme son la visualización desde tres perspectivas; la música y la atmósfera. Las películas de guerra narran personajes que hacen acciones heroicas; en Dunkerke los personajes están, ya sea expuestos a la muerte y sus acciones son más bien tratar de eludirle, o, ya determinados por una voluntad de traspasar la fina e invisible atmósfera con que la misma muerte ha cubierto el paisaje. Esta es la diferencia: la visualización de la guerra desde tres puntos de vista permite “sentir” estar dentro de la guerra como actores y agentes. Hasta Dunkerke quizá estábamos acostumbrados a una visualización espectacular de la guerra; desde esta película quizá debamos comprender que no es lo mismo estar en uno u otro lado de la mira del cañón. Nolan nos impone el mismo poder omnisciente y en primera persona, simultáneamente, como en un videojuego con su multiperspectivismo.
Para crear tal sensación, junto a los pocos diálogos, lo que resuena es la música: es como el tamborilleo de la metralla o el ruido ensordecedor de las bombas. La película comienza con el silencio del miedo y se desarrolla con el aterrador ruido de la muerte. Finalmente, la atmósfera, opresiva, asfixiante, inestable. El poder del punto de vista es precisamente eso: ya no hay verdades imponentes, sino visiones solas, perspectivas que se contraponen siempre con cualquiera de otras. (O)
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