El inicio de clases, así como entusiasma a muchos jóvenes que acuden a las aulas ávidos de encontrar a sus amigos, tiene que causar motivación en los maestros.
Justo en este año un keniano obtuvo el Global Teacher Prize (el Nobel para educadores).
Él no tenía todas las herramientas para enseñar que tal vez sí las poseen muchos centros particulares muy costosos, sin embargo, como sentía mucha pasión por la educación, buscó formas de llegar a los jóvenes y de despertar sus curiosidades.
Por ejemplo, les enseñó a cosechar para alimentarse bien (manera práctica de aprender las ciencias naturales) e hizo algo similar para “popularizar” las matemáticas entre los chicos. Ahora esos chicos ganan concursos de ciencias y van a las universidades (algo que no ocurría).
Un profesor nunca debe perder el entusiasmo por investigar y de entregar todo a sus alumnos.
De allí que me parece una decisión acertada del Gobierno nacional que haya optado por la disminución de la carga administrativa a los docentes y la reducción de todos los trámites engorrosos y papeleos inútiles. Eso no solo ocurría en las instituciones públicas, sino también en los planteles educativos.
Creo que en Ecuador existe el talento suficiente, de maestros y estudiantes, para poder sobresalir y conseguir logros importantes. Pero es necesario que las autoridades educativas hagan su trabajo. (O)
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