Trauma e identidad

- 06 de julio de 2020 - 00:00

La película chilena Nadie sabe que estoy aquí (2020), de Gaspar Antillo, cuenta el drama de un hombre que vive oculto toda vez que en su niñez sufrió el robo de su voz por ser poco agraciado físicamente en el contexto de la industria musical. Antillo aborda esta historia con una sutileza tal que conmueve.

Desde el título de la película, el director alerta sobre el camino elegido por su protagonista. Con el nombre de Memo, Antillo contrapone la voluntad de un hombre que carga sobre sus espaldas el trauma de su niñez, con lo pacífico de un alejado pueblo del sur chileno donde va a vivir.

Memo pasa inadvertido y extrema su soledad, evitando hablar y rehuyendo todo contacto personal. De este modo, el nombre del personaje es simbólico, en tanto parece antisocial y quemeimportista. De pronto recordamos la figura de El extranjero, de Camus, aunque en otro contexto, es decir, alguien que ha optado por la resignación y la impavidez ante cualquier situación. Y con aquel nos preguntamos sobre una vida rutinaria y absurda hasta que de pronto Antillo nos hace caer en cuenta que para comprenderlo deberíamos conocer una motivación más terrible que lo subsume.

Un tema es el rechazo por el aspecto físico, pese a que Memo tenía una sublime voz para el canto. Lo que hace la industria cultural de él es despojarle su voz y con ello su identidad. Así, Memo es producto de una malsana industria que promueve la figura externa, el ropaje y la moda, sin importar el talento.

Otro asunto es el sentimiento de exclusión porque quien se aprovecha de su voz, se convierte en un “exitólogo” que falazmente tratará de pedir perdón a Memo en la adultez. Tal sentimiento implica que sobre el talento de unos se erige un mercado de mentiras y que obliga a los vulnerados en sus derechos a callar.

Nadie sabe que estoy aquí es entonces una denuncia sobre la industria del espectáculo que roba la identidad de unos, que aprovecha sus talentos sin retribuirles dignamente y que excluye a muchos por su apariencia. Asimismo, es una poética afirmación sobre el cuerpo distinto, ese que no entra en los cánones de belleza o de la moda.

Antillo presenta a su personaje en su silencio y corporalidad en busca de la redención en la platea, vistiendo los trajes que él elabora: el anhelo de estos seres relegados es el reconocimiento social. Película valiosa en estos tiempos de corrección política. (O)

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