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Fake news o la manía por desinformar

13 de abril de 2020 00:00

Las llamadas fake news, que significa noticia falsa o bulo en español, no son un fenómeno nuevo en la historia. Sócrates fue obligado a beber la cicuta por los rumores que circulaban acerca de que pervertía a sus jóvenes discípulos con ideas extrañas.

Miles de inocentes “brujas” fueron quemadas en la hoguera por la Inquisición porque se las acusaba de tener pacto con el demonio o de practicar rituales anticristianos.

Los judíos fueron calumniados de provocar la peste bubónica durante la Edad Media, pues este grupo religioso fue poco contagiado; la falsa lógica decía que debían de ser ellos los propagadores de la pandemia.

La desinformación ha estado con nosotros desde siempre. ¿Qué hace diferente a las fake news en este tiempo? Pues simple, su medio de propagación ha cambiado.

En la era de internet, el escenario de la información se encuentra en los portales de noticias y redes sociales, por tanto, la incidencia social es inmediata. Estos medios potencian fácilmente la confrontación, pues todos los individuos conectados son actores emocionales en el debate, conozcan o no de lo que se discute.

¿Por qué se producen las fake news? Tal vez, por dos razones.

La primera, cuando se construye la falsedad de manera deliberada y articulada con un estilo periodístico para obtener fines específicos de desinformar y lograr rédito de algún tipo; y, la segunda, como un acto deliberado de transgresión del orden establecido, sin propósito definido, como es la intención de algunos hackers y anarquistas.

En todo caso, se trata de una manía por desinformar, una patología psicológica, cualquiera que sea el motivo.

Esta manía cuenta con múltiples herramientas digitales a su alcance y se crean videos, infografías, memes o simples textos. Lo estratégico está en su propagación por medios digitales. Además, el atractivo para los generadores de noticias falsas está en la posibilidad de mirar sus efectos de manera instantánea. En estos tiempos de pandemia, no hay un solo día en que no escuchemos “noticias” sobre alguna teoría conspiratoria o posible cura.

La Unesco hace pocos días publicó en su red social una recomendación para identificar las noticias falsas, por medio de tres pasos sencillos: revisar que la fuente sea fiable, contrastar los datos con otras fuentes y leer la noticia completa para detectar errores. (O)

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