La democratización del acceso a las universidades ha favorecido a la diversificación del estudiantado, incluidas las mujeres. Sin embargo, ello no ha contribuido a la disminución de la desigualdad, y tampoco hay certeza si es que las acciones efectuadas han sido políticas que no continúen ahondándola.
Durante la trayectoria universitaria, se reproducen problemáticas para las mujeres, que muestran colisiones de discriminaciones y desigualdades, dando cuenta de problemas sociales y sistémicos, que han sido abordados de manera sesgada (Crenshaw, 1993) y desde una lógica de dominación y de construcción de la otredad desde un sujeto hegemónico.
Las medidas de acción afirmativa han permitido avances reformistas, pero aún no constituyen una transformación sustantiva de las universidades; apuntan a quienes han sido discriminados y no necesariamente enfrentan la problemática con quienes discriminan. No es suficiente no discriminar, por ejemplo, en el acceso (una de las medidas de acción afirmativa), sino que se requieren políticas consistentes con un abordaje no sexista. Debiera ser prioridad en las agendas universitarias.
La presencia de mujeres en pregrado no significa un avance en los lugares de decisión universitaria. En el año 2003, el 13% de las rectorías de las universidades que se encuentran en el Academic Ranking of World Universities corresponden a mujeres, situación que al año 2016 corresponde al 14%. En 13 años la situación no ha cambiado en absoluto. A nivel mundial, solo el 28,8% de quienes se dedican a investigar son mujeres, existe una brecha salarial de un 23%, donde hasta el 30% de esta disparidad es explicada por labores domésticas; y, la tasa de actividad laboral de las mujeres es del 63%, mientras que la de los hombres es del 94% (PNUD, 2019).
Se suman las dificultades para iniciar estudios de postgrado, y las elecciones disciplinares que tienen fuertes componentes sexistas, por lo que, la democratización del pregrado es un avance, pero no hay que confundir los procesos de feminización de los ámbitos universitarios con la equidad de género (Buquet, 2011). La paridad es una acción básica; la transformación requiere romper con la lógica de dominación para que la democratización universitaria sea completa y efectiva.
Red de Politólogas
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