Entrevista

“No fue un presidente de escritorio sino de territorio”

- 20 de mayo de 2017 - 00:00

El fotógrafo Eduardo Santillán acompañó al Presidente más de 7 años. El terremoto del 16 de abril fue el episodio más doloroso.

La última imagen que el fotógrafo Eduardo Santillán captará de Rafael Correa como presidente del Ecuador será la de este 24 de mayo. Durante 7 años y 5 meses acompañó al Mandatario como parte de la prensa oficial. 

Confiesa que la sonrisa de un adulto mayor y el abrazo de un niño fue lo que más enterneció al Jefe de Estado. En cambio el terremoto del 16 de abril de 2016 fue  lo que más le entristeció. Lo califica como un “trabajador incansable” por su  agenda de más de 20 horas al día. En una sola jornada captó más de 1.500 imágenes del Mandatario saliente.

Su archivo fotográfico es amplio, ¿con qué imagen se queda?

Es difícil.  He visto al Presidente tanto al frente del Ejecutivo _como en su contacto con el pueblo. Del segundo hay escenas llenas de sensibilidad. Vienen a mi memoria imágenes del terremoto, de cómo enfrentaba esa tragedia  y de cómo buscaba levantar el ánimo de la gente que estaba caído en ese momento. Recuerdo cómo lo recibían los niños. Una característica del presidente Correa era su cercanía con los adultos mayores, con los niños, con el pueblo... Caminaba siempre acompañado de niños, de jóvenes... Una vez pasó una noche en una vivienda del barrio El Cisne, en Guayaquil, donde hay un parque lineal en el Estero. Llovía y se mojó mientras saludaba a la gente. Cuando el Mandatario ingresó a esa vivienda, una persona de edad le esperaba con una toalla y le secó el rostro. Fue una imagen de una ternura impresionante.

¿Captar a Rafael Correa en un encuentro ciudadano fue igual que hacerlo en un gabinete?

No. Con el pueblo era espontáneo, rompía los protocolos. Son situaciones auténticas. Ves que no hay ningún tipo de manipulación, solo el deseo de aproximarse.

¿Fue común verlo romper la agenda?

Más común de lo que muchos se pueden imaginar. Siempre estuvo abierto a recibir y aproximarse a la gente, a oír sus pedidos, a conversar. Era su lectura para ver qué pasaba en el país y conocer cómo se estaba realizando su gestión. Hubo jornadas intensas, que se prolongaron hasta las 02:00. A esa hora me llamaba la atención, por un lado, que siempre había gente esperándolo, que no se movía, y, por otro, que el Presidente siempre tenía ánimos y energía para aproximarse a ellos y tomarse una foto. Le decían: “Una foto, Presidente”, y él nunca se negó. Tras el terremoto recorrió las provincias hasta las 02:00. Estábamos cansados, pero nos animaba ver su actitud, ‘tomando el toro por los cuernos’. Nos inyectaba ese ejemplo para no dejarnos caer.

¿Qué diferencia nota entre Correa y otros presidentes a los que ha fotografiado en sus 23 años de trayectoria?

Son varias cosas. La personalidad del presidente  Correa es integral. Es un hombre que está bien preparado en distintas facetas como la política. Tiene una consciencia ambiental, que es muy acorde a la necesidad global, además de su apego a la actividad deportiva, cosas que no veíamos desde hace mucho tiempo. No tiene vicios, no toma, no fuma. Una de las cosas que más me llama la atención es que tenga esa capacidad de divertirse sin que de por medio haya una copa de licor o un cigarrillo. Son cosas ejemplares. Es un personaje fotografiable.

¿Por qué?

Es fotogénico. Te ofrece momentos espontáneos. Si va a un deslave, se mete. No fue un Presidente de escritorio sino de territorio, que enfrenta las cosas, que está ‘donde las papas queman’.

¿Eso hicieron otros mandatarios?

No. Antes, las agendas eran de lunes a jueves, con actividades muy puntuales y escasas.

¿Cómo era la agenda de Correa?

Muy versátil. Empezaba en la Costa y terminaba en la Amazonía en un solo día. En la mañana tenía una actividad formal; en la tarde, un recorrido de obras, y en la noche, un conversatorio con la prensa. Más de 16 puntos al día.

¿Cuál fue la primera foto que le tomó?

Fue cuando visitó a una persona con discapacidad en el Guayas y entró a una estrecha casa de caña en 2007. El Presidente fue un milagro para el país.

¿Recuerda alguna anécdota?

Varios recuerdos, cosas genuinas, como invitarte a comer de su mismo plato de tripa mishqui. Eso  pasó en Pujilí, en San Felipe. Son cosas que difícilmente se podrán ver en otro mandatario.

¿Alguna vez cantaron juntos?

Sí, canté ‘Los caballitos del río’. Íbamos a EE.UU. en 2012. Olvidé la letra y el presidente Correa me corrigió. Se sabe todas las letras. Cuando canta, refleja esa alegría que tiene por la vida.

¿Qué tipo de música le gusta cantar?

La música latinoamericana y ecuatoriana. Se sabe las canciones emblemáticas de cada provincia. Pero no solo los himnos del país. No es de sorprenderse verlo cantar el himno de cualquier país.

¿Qué día lo vio más triste?

En el terremoto. Lo recuerdo muy preocupado.

¿Alguna vez jugaron fútbol o bromearon por el Emelec?

Siempre bromea, cuando tiene chance, lo hace. Tengo fotos del Presidente dominando el balón, cabeceando y jugando con los niños.

¿Cuándo lo captó más enojado?

Cuando recorría las obras y no veía avances.

¿Alguna vez  hizo parar una caravana para comer algún platillo?

Sí, le gusta de todo: el caldo de salchicha, el cebiche, un buen hornado. Una vez recorríamos el complejo judicial de Guayaquil, hacía mucho calor y a la salida había un chico que vendía refresco helado de avena. Le llamó y les brindó un vaso a los que alcanzó.

¿Alguna vez vio con usted las fotos que le tomó?

Las vimos juntos cuando trabajaba en la Agencia Andes, mi trabajo previo al de la Presidencia.

¿Qué le dijo?

Pensaba que salía feo en las fotografías.

Ha estado “codo a codo” con el Presidente, ¿qué le diría luego de estos 7 años y 5 meses?

Gracias (empiezan a brotar las lágrimas). (I)

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