Venezolanos sin pasaporte quieren una prórroga para ingresar al país

- 19 de agosto de 2018 - 00:00
Los migrantes venezolanos aceleraron su caminar para cruzar la frontera colombo-ecuatoriana y evitar la presentación de pasaporte, nuevo requisito.
Foto: Miguel Jiménez / El Telégrafo

En el control migratorio de Rumichaca, en el lado ecuatoriano, se exige el pasaporte de los ciudadanos de ese país. La medida afecta a miles de migrantes que no consiguen el documento de viaje y que tampoco están informados.

¿Cincuenta minutos son suficientes para conseguir un sueño? Orsana Velásquez, Adriani Blanco, César Teyes, José Pereira y otros ocho venezolanos pusieron a prueba su fortuna antes de la medianoche del sábado 18 de agosto para ingresar a Ecuador.

A las 23:08, ellos caminaban por la Panamericana que une Ipiales con el puente internacional de Rumichaca, en la frontera de Colombia y Ecuador. Lo hacían con ritmo lento, cobijados con mantas, chompas, bufandas o cualquier prenda que les ayude a soportar las delgadas gotas de lluvia que caían y que bajaban aún más la temperatura de esa zona de la serranía.

Durante su viaje no habían visto noticias, no sabían que faltaban pocos minutos para que los puestos de migración de Ecuador les exijan la presentación de su pasaporte para ingresar al país. Ninguno de ellos tenía ese documento de viaje. El 2 de agosto pasado cuando entraron a Colombia, por Cúcuta, lo hicieron solo llevando su cédula de identidad.

Ninguno se conocía antes de esta travesía, a este grupo lo unió su deseo de mejorar los días para sus seres queridos. Orsana dejó su hogar en Caracas, Adriani salió de San José de los Moros, César se despidió de Barinas y José de Trujillo. En el trayecto a Ecuador se juntaron para afrontar juntos los 15 agotadores días de caminata hasta llegar a la frontera.

El viaje tan doloroso como difícil. El grupo fue testigo de compatriotas suyos que no lograron cruzar el páramo colombiano y se quedaron en camino en busca de atención médica. Escucharon historias de familias que murieron abrazadas por no soportar el invernal clima, pasaron hambre y noches sin dormir. Por eso no podían ni siquiera imaginar que no conseguirían su deseo de llegar hasta Perú, donde les espera un trabajo o un familiar que les extenderá una mano para superar esta crisis.

Al escuchar que necesitarán el pasaporte para cruzar la frontera empezaron a correr hacia el letrero azul que dice “Bienvenidos a Ecuador”. Eran las 23:15 cuando un policía colombiano los detuvo a mitad de camino y les preguntó si sellaron su salida de su país. Nadie lo había hecho y todos debieron retornar a las oficinas de Migración de Colombia.

Esta noche un poco de suerte estuvo de su lado, como un acto de magia los agentes migratorios atendieron a miles de venezolanos que querían pasar a nuestro país, y lo hicieron con mucha rapidez y eficiencia.

No había ni una sola persona en espera, incluso los guardias ya cerraron las puertas porque no había nadie para atender, aunque adentro en las oficinas seguían procesando los papeles.

Faltaban 35 minutos para que se inicie la medida de lado ecuatoriano cuando uno por uno dejaron el territorio colombiano. Al otro lado de la frontera el panorama también les daba aliento había muy pocas personas a la espera de ser atendidas. No era ni la décima parte de los migrantes venezolanos que hace pocas horas seguían haciendo fila en una espiral de vallas metálicas que instaló la Policía para ordenar el ingreso a Migración.

César no comprendía por qué les pedían su pasaporte. Él dice que en su país no hay comida, peor va a existir el papel para fabricarlos. La verdad es que conseguir ese documento es un verdadero martirio.

El observatorio de la migración venezolana, una fundación académica que analiza el éxodo de los ciudadanos de ese país, relata que el Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería de Venezuela (Saime) comenzó a demorar el proceso y puede durar hasta un año. Por eso, muchos deciden emigrar ilegalmente. La fundación calcula que dos de cada tres venezolanos cruzan las fronteras sin ese documento.

Como una alternativa, el Saime ofreció la opción de “pasaporte exprés electrónico” a sus ciudadanos, pero funciona solamente para quienes piden el documento desde Venezuela. Pero, según José eso no funciona. Él pagó 3 millones de bolívares para conseguir este pasaporte rápido, incluso se tomó la foto para el documento, pero han pasado 8 meses y aún no lo recibe.

15 minutos antes de la medianoche la alegría de Orsana era evidente. Las autoridades ecuatorianas le dieron el permiso para entrar y permanecer 30 días en el país. El mismo sentimiento tienen en sus rostros César y José y a otros compañeros que lograron superar la medida migratoria y podrán seguir en camino hacia Perú.

Los migrantes recuperaron su esperanza hasta que salió Adriani. Su cédula estaba demasiado vieja y desgastada y no consiguió el permiso para acompañar a sus amigos. Rosani le pedía que no se rinda que limpie con agua el documento, que pida auxilio a otro funcionario que no se quede en la frontera.

La mujer lavó su documento, volvió a entrar pero ninguna súplica fue suficiente y las lágrimas se llevaron sus esperanzas. “Yo no me regreso a Venezuela”, exclamó Adriani. El mismo sentimiento tienen decenas de venezolanos que al pasar las horas llegaban a migración y no lograban pasar. Ellos pedían al Gobierno ecuatoriano una prórroga para ir a Perú.

La vida puso otra prueba a este grupo de migrantes venezolanos. Con pocos centavos en sus bolsillos tendrán siete días para cruzar el Ecuador y evadir la medida de las autoridades peruanas que también les exigirán su pasaporte para entrar a ese país.  Por el momento tenían que descansar, esperar que el sol salga nuevamente y seguir caminando. (I)

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