Mónica Banegas: "Los caudillos no permiten la participación política de las mujeres"

A pesar de las reformas que buscan la paridad, los resultados están por debajo de las expectativas.
16 de febrero de 2021 00:00

¿La participación de las mujeres en política subió o no en estas elecciones? Según datos preliminares, en estas elecciones se eligieron a 7 mujeres como asambleístas nacionales frente a 8 hombres; a 40 mujeres como asambleístas provinciales frente a 76 hombres; a 2 mujeres como asambleístas por las circunscripciones del exterior frente a 4 hombres; y a 3 mujeres como parlamentarias andinas frente a 2 hombres.  

Mónica Banegas, directora del Observatorio Nacional de la Participación Política de las Mujeres, conversó con este Diario sobre el cambio de método en la elección, el problema de encabezar  o no las listas de los partidos y movimientos, la violencia política contra ellas y la referencia de otros países de América Latina sobre este tema.

¿Cómo mira la participación electoral de las mujeres en estas elecciones?

Lamentablemente, a pesar de las reformas electorales que buscan la paridad de género, los resultados obtenidos están muy por debajo de las expectativas que teníamos. A pesar que no era obligación de los binomios de la presidencia y vicepresidencia lo serán en 2025 esperábamos que por voluntad política los binomios sean conformados paritariamente, tuvimos una única candidata a la presidencia y 9 a la vicepresidencia;  los otros binomios decidieron repetir el formato patriarcal hombre – hombre. De las 17 listas para asambleístas nacionales apenas cuatro fueron lideradas por mujeres. La mujer sigue cumpliendo un rol secundario en la política ecuatoriana.

El cambio del método en la elección de asambleístas perjudicó o no a las mujeres?

La combinación del método de Webster y la votación en listas cerradas y bloqueadas han permitido que se mantenga el número de mujeres participantes en la Asamblea Nacional, considerando que en el 2017 tuvimos una representación de 51 mujeres. El electorado opta por quienes encabezan las listas, además está la fragmentación electoral por la gran cantidad de movimientos locales y provinciales perjudica a otras mujeres que podrían ser electas.  

Otro problema: las mujeres no son cabezas de listas, ¿qué se debe hacer en los partidos y movimientos para cambiar esa situación?

Efectivamente, por estos resultados fallidos fue que los colectivos ciudadanos y organizaciones de la sociedad civil incidimos en las reformas electorales, vigentes desde el 3 de febrero del 2020. Exigimos que las mujeres encabecen listas porque esa es la clave. Esperamos que en las elecciones del 2025 la representación de las mujeres alcance la paridad con la de los hombres: será obligatorio que las listas estén lideradas en el 50% por hombres y en un 50% por mujeres, así como los binomios a presidencia y vicepresidencia de la República. 

¿Las mujeres están dispuestas a participar en política?

La implementación de las cuotas de género y acciones afirmativas en el Código de la Democracia son buenos avances. Sin embargo, se debe sortear varios obstáculos para su eficacia real, por ejemplo,  hay barreras de tipo institucional, pues las mismas organizaciones políticas no son paritarias ni en sus afiliados, adherentes y peor en sus directivas. Un factor determinante es la poca o nula voluntad de los patriarcas de los partidos y movimientos para respetar el legítimo derecho de sus pares mujeres en la lid electoral. Aún queda mucho camino por recorrer para contar con condiciones de igualdad real en la participación política entre hombres y mujeres. La lucha sigue porque buscamos la paridad, no solo en la postulación sino en la elección y conformación de los gobiernos y parlamentos.

La violencia política contra la mujer en las redes sociales es diaria y dura. ¿Cómo actuar frente a eso? ¿Eso no alienta a la participación en política, al contrario, aleja a las mujeres?

El Observatorio ha venido monitoreando la violencia política de género de lideresas nacionales, provinciales y cantonales desde el 2019. También a candidatas a las elecciones desde el 31 de diciembre del 2020 hasta el 7 de febrero del 2021. Las mujeres reciben agresiones, a través de las redes sociales de Twitter, Facebook y de memes en cadenas y grupos de WhatsApp.

De acuerdo a los sesgos son agredidas por circunstancias de su vida privada y doméstica, son acusadas de no tener mérito para ingresar a la política y llegar a ciertos espacios por su relación con hombres poderosos e influyentes. Cuando intentan visibilizar las agresiones son acusadas de débiles y les dicen que la política es un espacio para fuertes. También encontramos debates interminables sobre su apariencia física, sobre la ropa que usan, dejan de lado sus decisiones y acciones en el cargo político. Los caudillos de las organizaciones políticas siguen creyendo que ellos son los dueños y que tienen la potestad de dar o no, espacios a las mujeres. Los binomios presidenciales y sus propuestas de gobierno así lo demostraron y hablaron poco o nada sobre los derechos de las mujeres. La violencia contra las féminas es un condicionante y la razón por la cual no incursionan en política o si lo hacen se retiran en pocos años.

En esa violencia política participan otras mujeres que incluso son peores que los hombres. ¿Qué dice usted?

Quienes agreden a las mujeres en redes sociales difícilmente se identifican, el 90% proviene de cuentas de nombres y fotografías falsas. Se cree que las mismas mujeres que agreden a otras, pero no es tan real. Creemos que las mujeres somos diversas y en la lucha contra la violencia política de género no debemos estar dispersas, apostamos a construir redes de sororidad y a dejar de lado discrepancias menores para conseguir un fin último mayor: la participación de las mujeres 50 – 50.

Si mira al resto de América Latina, ¿cuál es su modelo a seguir? 

Bolivia, México y Chile, ellos han trabajado por tener paridad de hombres y mujeres no solo en las listas electorales sino en la conformación de los parlamentos y gobiernos. Ecuador tiene avances electorales significativos, sin embargo, no son suficientes, necesitamos trabajar en la educación de las nuevas generaciones y en un cambio radical de la cultura política. El trabajo va más allá de las coyunturas porque necesitamos cambiar de raíz las estructuras.

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