Su lucha contra la corrupción pública

- 21 de mayo de 2019 - 00:00

En 1982, la oficina de Julio César Trujillo estaba en el séptimo piso de la Asamblea Nacional. En ese lugar se redactó el primer proyecto legal para sancionar el enriquecimiento no justificado de los funcionarios públicos desde el retorno a la democracia.

Ecuador vivía otro momento político y necesitaba devolver la confianza a los ciudadanos. Así reza ese documento que lleva, en primer lugar, la firma de Julio César Trujillo, acompañada de la de otros compañeros de la lista 5.

Trujillo fue un reconocido político. En su juventud fue conservador, pero durante la dictadura de la década de los 70 se separó para unirse a grupos políticos entonces más progresistas. La selva se convirtió en su refugio, cuando los militares ordenaban que fuera capturado.

A él lo querían en la papeleta ganadora para acompañar a Jaime Roldós en las elecciones del retorno a la democracia en 1979. Sin embargo, ese puesto fue para Osvaldo Hurtado.

Trujillo tuvo un puesto en la Cámara de Representantes, como entonces se llamaba al Legislativo, en representación de la Democracia Popular.

Wagner Bolaños, que trabajaba en ese tiempo allí, lo recuerda cordial y atento con todos los trabajadores del lugar. Su tarea más fuerte como senador fue investigar la muerte del expresidente Roldós. Fue un trabajo doloroso para ese equipo de senadores.

En 1997, Trujillo dio otra prueba de su lucha frontal contra la corrupción al país. Ese año se formaba la Defensoría del Pueblo y él fue el elegido con el aplauso nacional, pero no duró más de dos semanas en el cargo.

Trujillo renunció porque no quería estar en el vaivén de los intereses del gobierno de entonces. “La defensoría es para el pueblo”, dijo cuando se retiraba del cargo con el aplauso de los grupos de sindicalistas e indígenas que confiaban en su rectitud. (I)

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