Resumen del año

El capítulo "Guacho", ¿se cierra con su muerte?

- 31 de diciembre de 2018 - 00:00
Tras la detención de Patrocinio Cortez, uno de los hombres clave, “Guacho” atacó el 12 de enero de 2018, con coche-bomba, el cuartel de Policía de San Lorenzo, provincia de Esmeraldas, lo cual dejó daños materiales. Luego amenazó a autoridades y secuestró y mató a civiles, periodistas y militares. El 21 de diciembre finalmente fue abatido.
Foto: Mario Egas / El Telégrafo

En la selva colombiana ya no se esconde más Walter Arizala, alias “Guacho”, porque el viernes 21 de diciembre de 2018 fue abatido por fuerzas de élite de Colombia.

Ocurrió este desenlace pese a que el objetivo era capturarlo para que respondiera por el secuestro y asesinato del equipo periodístico de El Comercio, de una pareja de novios y de cuatro militares ecuatorianos.

“La caída de ‘Guacho’ es un trabajo coordinado entre naciones hermanas. Gracias a Colombia fue abatido”, resaltó entonces el presidente Lenín Moreno.

Narcoguerrillero deja una estela de dolor

Nadie podía imaginar lo que iba a suceder cuando una patrulla del Grupo Especial Móvil Antinarcóticos de la Policía (GEMA) fue atacada con granadas en el control de San Lorenzo, en Esmeraldas.

Fue una emboscada que, por poco, le cuesta la vida a cuatro uniformados. Ninguno resultó herido, pero en su vehículo quedaron las huellas de la explosión.

Esa fue la primera ocasión que Inteligencia escuchó el nombre de “Guacho” y de su Frente Óliver Sinisterra. Los mismos nombres que, meses después, estuvieron atados a 11 atentados con explosivos y enfrentamientos que dejaron cuatro militares muertos; que asesinaron a Javier Ortega, Paúl Rivas y Efraín Segarra, periodistas de El Comercio y arrebataron la vida a Katty Velasco y Óscar Villacís.

Los uniformados describían a “Guacho” como “un ciudadano afrodescendiente nacido en Limones, de estatura media, contextura delgada, cabello corto, cejas finas, nariz y boca gruesas, con una cicatriz en la nariz…”. Desde 2007 y por más de 10 años estuvo en el Frente 29 y en la Brigada Daniel Aldana de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). En este grupo irregular era el organizador de comunidades, jefe financiero y experto en explosivos.

Su salida de las FARC no fue ideológica ni por el acuerdo de paz entre el Gobierno colombiano y la guerrilla, él se convirtió en uno de los capos de la droga. Este puesto lo consiguió tras la detención de Pedro Álava, alias “Gerald”, el narcotraficante más buscado, quien ahora está detenido en EE.UU.

Luego de ese arresto, “Guacho” armó su propia organización, que llegó a tener a 200 hombres que operaban en Colombia y Ecuador. En nuestro país, su principal zona de influencia era Mataje, parroquia en plena línea de frontera y estratégica para las rutas de droga y las armas.

En este poblado fue detenido uno de sus hombres clave: Patrocinio Cortez, alias “Cuco”, el 12 de enero. Esto desató la ira de “Guacho”, quien amedrentó a las autoridades con ataques como el ocurrido en el cuartel de Policía de San Lorenzo.

Sin lograr el objetivo, “Guacho” intentó presionar a la Policía, en conversaciones por chats y charlas telefónicas, para poner fin a la violencia a cambio de su excarcelación. Sin una respuesta, secuestró y asesinó a periodistas y civiles.

Para entonces, Ecuador cambió su estrategia de seguridad en la frontera, con un mando unificado que aglutinara los controles de FF.AA. y Policía. Mientras, jueces y fiscales continuaron investigando. El “Cuco” siguió detenido y en el primer juicio en su contra fue sentenciado a 7 años de prisión. 

Hasta finales de 2018, estaban procesadas penalmente 74 personas que tuvieron alguna relación con los atentados o que ayudaron a su tráfico. Entre ellos, civiles y militares que le entregaban armas y municiones a cambio de dinero.

En Colombia, los operativos en la selva fueron constantes y golpearon la estructura del Frente Óliver Sinisterrra. Se registraron detenciones de personas que actuaban para afianzar su logística, negocios ilegales y ejecutar asesinatos, así como el decomisos de arsenales y droga.

Estas acciones no fueron suficientes para el presidente Iván Duque y a mediados de diciembre cambió su cúpula militar, con el fin de devolver la paz a Tumaco y cerrar el capítulo de violencia de “Guacho”, quien finalmente fue abatido. (I)

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El secuestro de  Katty y Óscar fue admitido a trámite en la CIDH

La noche del 11 de abril fue el último contacto que mantuvieron Katty Velasco, de 20 años, y Óscar Villacís, de 24, con sus familiares. Ese día la pareja de enamorados salió desde Santo Domingo de los Tsáchilas con rumbo a San Lorenzo, en Esmeraldas.

Tras esas llamadas telefónicas a sus seres queridos, se presume que la pareja fue secuestrada por miembros del grupo liderado por “Guacho”, en la población de Puerto Rico, territorio colombiano.

Cinco días después, el lunes 16 de abril, el ministro del Interior de ese entonces, César Navas, dio a conocer oficialmente que se trataba de un secuestro, mediante la exposición de un video que la noche anterior había enviado “Guacho”.

Ahí comenzó el calvario de las familias. Elvia, hermana de Óscar, pidió a los gobiernos de Ecuador y Colombia que “por favor, no los dejen morir”.

El 3 de julio, autoridades de Colombia informaron sobre el hallazgo de los cadáveres en Tumaco, zona colombiana. Los restos fueron traídos al país y el 8 de julio los sepultaron.

A 8 meses 20 días del secuestro el caso se encuentra ya en conocimiento de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH), a donde acudió la familia de Katty y Óscar, con una demanda contra el Estado ecuatoriano, por omisión.   

El organismo emitió informe de admisibilidad, dijo Leonardo Tipán, abogado de las dos familias, al señalar que la demanda es porque el Gobierno ecuatoriano nunca sacó algún comunicado desmintiendo que Katty y Óscar eran agentes de inteligencia de la Policía, como presumía “Guacho”. (I)