América Latina cerrará el ciclo de izquierda

La derecha cada vez gana más terreno en la región, expertos aseguran que se debe a las manchas de corrupción, mal manejo de la economía y caudillismo.
21 de enero de 2019 00:00

Una mejor conducción de la economía es una de las principales razones para que los latinoamericanos prefieran últimamente autoridades que no provengan del populismo.

Así lo sostiene el doctor en Relaciones Internacionales y Geopolítica, Gabriel Orozco, quien señala desde Colombia que las sociedades cambiaron su opción identificada con la izquierda, por la falta de resultados que verdaderamente  favorezcan a las poblaciones.

“La gente considera que un gobierno que tenga medidas económicas más ajustadas puede reencauzar la economía. El electorado busca empleo, fuente de ingresos y mejorar su situación”, acota Orozco.

Costa Rica, Paraguay, Colombia y Brasil son naciones que optaron en 2018 por gobiernos de tendencias de centro derecha o derecha.  Antes lo hicieron Argentina, Chile y Perú.

Estos se caracterizaron hasta hace poco tiempo por tener gobiernos populistas, que dejaron con deudas pendientes a sus pueblos.

“El tema de Venezuela anda como un fantasma en la región porque ninguna economía quiere caer en esa hiperinflación”, dice Orozco.

Aparte de esto, existe el fenómeno del aparecimiento de partidos políticos denominados progresistas, que presentan caudillos carismáticos que concentran el poder.

Esa dinámica provoca que cuando estén en el poder, hacen uso de la fuerza para anular cualquier representación política, que pueda ser antagonista a su lógica discursiva.

“Por ende fortalecen la construcción de símbolos y discursos que son los que sostienen una figura de cambio”, sostiene el analista Santiago Orbe.

Napoleón Saltos, docente universitario en Estudios Políticos, explica que gobiernos de izquierda utilizaron el populismo para captar los votos y así ejecutar sus planes.

“El fin era destruir las organizaciones, dividirlas e incluso criminalizar la lucha social. Lo que tuvieron fue una relación clientelar, donde no hubo ciudadanos o actores sociales, sino clientes y votantes. Se destruyó la posibilidad de una participación real”, señala el docente.

Los medios de comunicación denominados oficiales fueron una ayuda para alcanzar masas y al mismo tiempo desencadenaron problemas en la democracia.

Fernando Carrión, investigador y catedrático de Estudios Políticos de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), detalla que este es un daño directo a la población.

“Las reformas constitucionales condujeron a un hiperpresidencialismo y obviamente ahí aparecen los problemas de falta de transparencia de la justicia, contralorías o tribunales de cuentas; y si encima de eso hay cuestionamientos a la libertad de expresión, difícilmente la democracia se llega a cumplir”.

Sin embargo, en México, existe un caso inusual, donde la derecha gobernó desde 1924 con el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido Acción Nacional (PAN) y que, con la llegada al poder de Manuel López Obrador, los ciudadanos votaron por la izquierda, con altas expectativas de cambio para el país.

Esto por los escándalos de corrupción, manejo de la economía, autoritarismo, inseguridad y narcotráfico.

Saltos recuerda que en los procesos electorales de izquierda, la campaña ya no es construcción de programas y propuestas, sino destrucción del enemigo a través del manejo de los medios de comunicación, así enarbolan la falsedad o alteran la realidad.

Según los analistas por ello las elecciones dejan de lado su carácter de designación o de representaciones desde la población, y se convierten en manejos del poder.

Carrión identifica variables por las que una sociedad,  a la que le prometieron y no le cumplieron, opte por cambios. Primero, que las nuevas autoridades no nacen de organizaciones políticas. “Son candidatos de la ciudadanía a través de la recolección de firmas; el sistema de representación política de partidos entró en una crisis en América Latina”.

Otra variable es la religión en el panorama político, por temas de ideología de género, aborto o puntos que causan debate. Por ejemplo, el alcalde de Río de Janeiro es Marcelo Crivella, un exobispo, que actualmente redujo a la mitad las subvenciones para el desfile de carnaval en 2018 y expresó abiertamente sus cuestionamientos a esta celebración, lo que provocó polémica y debate en su país.

Mientras que el narcotráfico y la inseguridad en cambio opacan la gestión en los gobiernos locales. “Un reciente estudio revela que aproximadamente el 15% de municipios de Colombia está contaminado por estos grupos delictivos”, afirma Carrión.

Para las elecciones seccionales del 24 de marzo, los expertos coinciden en que los concejos municipales estarán altamente fragmentados, por la cantidad de partidos.

Pero indudablemente, la tendencia consecuente con las presidenciales de los últimos años es que la derecha ganará más espacio de los que ya conquistó.

Sin embargo, Carrión advierte que “habrá que ver qué pasa con el tema religioso, la lucha contra la inseguridad y el  narcotráfico”. (I)