El presidente Rafael Correa ha volteado el tablero político. Y frente a ello tenemos un escenario distinto, donde caben otras preguntas, quedando al margen toda la campaña proselitista y todas aquellas afirmaciones (algunas cayeron en difamaciones) sobre la supuesta reelección indefinida, de una sola persona. Si Correa no fuera el candidato a la presidencia de la República en el año 2017, ni tampoco todos aquellos políticos que ya han ejercido cargos de elección popular en dos períodos seguidos, ¿dónde quedaría la plataforma política de oposición de derechas e izquierdas que todo el presente año ha usado el tema de la reelección para hacer una férrea y frenética disputa?
Más allá de los argumentos que ahora usen para explicar la determinación hecha pública ayer por Correa, queda claro algo sobre la oposición: sustentó su lucha sobre una decisión no tomada y con ello no solo que desconfiguró el sentido mismo de la política sino que enlodó el debate general de todas las enmiendas. Incluso, por no discutir todas y cada una de ellas -en lo esencial- se concentró (usó tantos recursos no bien aclarados de dónde salieron) en la supuesta reelección indefinida. ¿Cómo queda la oposición? ¿Disminuida? ¿Con cojera para afrontar los retos de la contienda electoral de 2017? ¿Con cuánta credibilidad asumen ahora todas sus posturas? Se esperan respuestas y explicaciones sensatas.
Por otro lado, salta en este escenario un nuevo elemento: si ya no es Correa el candidato (el ‘cuco’ de la oposición) habrá un nuevo relato para la política y con este nacerán algunos otros planes para todos los actores políticos. Eso, en la práctica, también agrega un condimento especial: todos pensaban que el año 2016 sería un año electoral con candidatos definidos, pero ahora el Primer Mandatario será, sobre todo, un administrador del Estado, en circunstancias difíciles para la economía mundial y, por consiguiente, para la de nuestro país. Y eso también replantea el sentido de la política para que tras diez años de ejercicio del poder político, Rafael Correa salga por la puerta grande de la historia, dejando un país distinto al que recibió y con algunos retos sustanciales que devienen de estos años de Revolución Ciudadana. Y si todo esto no entiende la oposición política y mediática, como dije en algún momento, en adelante no tendrá nada que hacer sin Correa, porque para ella parecía que con él se terminaba el mundo. (O)
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