La familia es transmisora de normas, de valores, de pautas, de sistemas de representación. El cuidador domiciliario deberá siempre intentar trabajar teniendo presente el contexto familiar, aún cuando el adulto mayor viva solo.
Una familia desinformada o alejada se llena de angustia o de desconfianza. El cuidador domiciliario no debe juzgar a la familia ni hacer alianzas, a excepción de que exista sospecha de abuso o malos tratos, lo que requerirá la derivación a profesionales expertos en la temática.
La familia, en el momento que solicita la ayuda del cuidador, atraviesa un momento especial, por ejemplo:
• Se sienten rebasados por la responsabilidad.
• Se sienten desvalidos en la tarea de cuidados, sin recursos (tanto materiales, como instrumentales o de conocimientos).
• Sienten soledad para enfrentar la crisis de envejecimiento de sus padres.
• Se sienten culpables por sentir circunstancialmente fastidio ante los padres.
• Están enojados con algún otro miembro de la familia que no asume la cuota de responsabilidad y compromiso que le corresponde.
• Están necesitados de continencia afectiva (quieren que los comprendan, justifiquen, que les den una solución).
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