Los nuevos roles que pueden desempeñar las personas que ahora envejecen son de continuidad con lo que hicieron. No definen personas sobre el criterio de su edad sino en función de prácticas y actitudes concretas desde una situación, esta sí, particular con relación a su calidad de jubilados liberados de compromisos con el sistema.
Estamos, dice la investigación de la Fundación Pilares para la Autonomía Personal, ante personas que no inician un proyecto pero tampoco prosiguen con el que tenían.
Esta generación que está dispuesta a seguir en el mundo y a integrarse en procesos con las grupalidades y comunidades, con las que se identifiquen de forma independiente de su edad, determina que la sociedad tenga la capacidad de dar respuesta a esa búsqueda de reconocimiento a través del desarrollo personal compartido.
Quienes no han podido finalizar, acorde a sus expectativas, sus carreras laborales, dice la investigación de Pilares, “extrañan el colectivo más vulnerable con relación a un hito de la jubilación que ya no genera “viejos” pero sí representa un proyecto de inflexión en las trayectorias”.
Estos sujetos no han podido dar cierre a los procesos desarrollados a lo largo de sus vidas, pero tampoco pueden desbloquear la sensación de que queda una cuenta pendiente con su pasado que les impide dar paso adelante. Por lo mismo necesitan de ayuda de un programa estatal. (I)