El Telégrafo
Ecuador / Sábado, 30 de Agosto de 2025

Percepción social de las personas de edad

Punto de vista

Para empezar, quiero recordar a las y los presentes que hasta hace no muchos años las personas de edad eran respetadas, se les consideraba sabias, a ellas se acudía en busca de algún consejo o bien para pedirles algún remedio tradicional que permitiera curar la salud de los enfermos. No obstante, las cosas han cambiado radicalmente en nuestra ciudad, y con ello la percepción y la relación de la familia, de la comunidad y de la sociedad con las personas de edad avanzada. Hoy predomina una visión negativa de las y los viejos: amplios sectores de la sociedad los considera improductivos, enfermizos, olvidadizos, de lento aprendizaje, pasivos y dependientes.

Esa visión negativa tiene una estrecha relación con el tipo de sociedad de la que formamos parte, que se caracteriza por fomentar, no sé si denominarles ‘valores’, antivalores o mejor una ideología sustentada en la competitividad (cuya lógica es la producción y el consumo; cuando el sujeto deja de producir y consumir, es considerado improductivo), la efectividad (es decir, la búsqueda de resultados prácticos, útiles e inmediatos), la masificación (concentración en las grandes urbes en las que impera la intolerancia, la despersonalización, la contaminación, la vida acelerada), el consumismo (la compra compulsiva de bienes innecesarios, desechables), el individualismo (solamente cuento yo y no el otro, que cada quien se las arregle como pueda), el relativismo de los valores realmente trascendentes (la verdad, el respeto, la justicia, la igualdad, la solidaridad, han pasado a un segundo plano), la nuclearización de las familias (en las que en estricto sentido ya no tienen cabida las personas de edad).

Ante la proliferación de antivalores como los descritos, las personas de edad son consideradas como una carga social y económica para la sociedad. En menor medida se tiene conciencia de las difíciles condiciones de vida a las que regularmente se enfrentan las personas de edad. A menudo, pasan desapercibidas sus contribuciones a sus familias (por ejemplo, el apoyo que proporcionan en materia de cuidado y educación de las y los nietos), a sus comunidades y a la sociedad en general. Mucha gente sigue pensando que edad avanzada significa decaimiento biológico patológico y deterioro cognitivo o pérdida de la capacitad intelectual. Incluso en algunas profesiones de las ciencias sociales se considera a las personas de edad como personas dependientes e incapaces de mantenerse a sí mismas.

La imagen social negativa de las y los viejos, de la vejez y del envejecimiento, ha propiciado de alguna manera el desarrollo de actitudes y comportamientos discriminatorios en una variedad de formas, por la edad, por el estatus socioeconómico, así como diversas formas de violencia, maltrato y abuso físico, psicoemocional, sexual, económico o financiero, institucional y estructural, provenientes fundamentalmente del hogar, la comunidad y de la sociedad en general.

De manera que el futuro para los adultos mayores en la actualidad, en varios países, parece poco alentador, toda vez que una proporción alta de ellos vive en condiciones de pobreza y pobreza extrema, en abandono parcial o total e imposibilitados para valerse por sí mismos y sin la existencia de suficientes opciones en las que reciban atención integral. (I)