Memoria: usar los dos hemisferios es la clave
La longevidad no deber ser mirada desde la perspectiva de la preocupación ya que se trata de una oportunidad y un desafío. Es un desafío para todos: para la persona que envejece, para su familia y, especialmente, para la sociedad.
A medida que recorren los años de la vida, la posibilidad de olvidar las palabras, las cosas, los rostros, los momentos, se hace más común y, por ende, hay sensaciones difíciles de explicar. Cuántas veces, en una conversación, surge un tema y en la mente se recrea el espacio, el o los personajes, el día y detalles ínfimos… pero la tramposa memoria nos hace un guiño y no da la información que se le pide. Sentimos las neuronas, cual el motor de un Ford a bigote, forzadas a mil revoluciones por minuto y recalentadas, tratando de que ese pensamiento furtivo salga a la luz y se pueda recordar.
No siempre se logra en forma inmediata, pero no abandonamos la búsqueda, ni debemos dejarnos estar. Seguimos exigiéndonos; los hechos, las imágenes, los espacios, las personas y hasta los perfumes, siguen girando, como en una calesita dentro nuestro, para recordar aquello que se necesita o desea.
De repente y cuando menos se espera… aparece aquello que se buscaba. Respiramos profundo y una sensación placentera recorre el cuerpo, un gran relax y una sonrisa de felicidad. Nos sentimos como David ante Goliat.
La memoria es la facultad o capacidad de los seres humanos de registrar la información, fijarla y restituirla. Involucra identidad, sin ella no hay historia, ni personal, ni social. Intervienen en su consolidación factores emocionales, sociales, culturales, educacionales y la historia personal. La memoria es vital. Los hombres primitivos nómadas necesitaban recordar las fuentes más abundantes de caza, frutos secos y bayas, y dónde podían refugiarse en el invierno. Quizás, lo que era fundamental, debían reconocer rostros para saber si la figura que se aproximaba era amigo o enemigo.
Una de las principales estructuras involucradas en la memoria es el cerebro, constituido por neuronas y se divide por una línea invisible en dos hemisferios, derecho e izquierdo. Este órgano usa solo un 3% del peso corporal, pero emplea el 20% de la ingestión de oxígeno. Las neuronas son muy sensibles a la disminución del oxígeno. Y si tienen menos energía habrá trastorno en su comunicación. Para sacar el máximo rendimiento del cerebro y de la memoria se deben usar los dos hemisferios cerebrales en todo lo que pensemos y hagamos. El primer registro se establece en áreas de la parte externa llamada corteza, luego es estimulada la zona específica que es el hipocampo, la información pasa de nuevo a la corteza y allí queda grabada. El proceso es ordenado por el lóbulo frontal (parte del cerebro que está a la altura de la frente). (F)
¿Dónde residen y se almacenan los recuerdos en los seres humanos?
En la sinapsis, que es el sitio de contigüidad entre dos neuronas o una neurona y una célula efectora.
Entonces no existen “centros de memoria” sino que un recuerdo de una actividad A o de una sensación B puede estar guardado en la misma zona donde se inicie o se registre tal fenómeno, en las neuronas correspondientes a esa región.
Por ejemplo, ante un objeto: un florero; el aprendizaje que se hace por vía óptica ingresa a través de una red neuronal que representa al objeto.
La conservación de ese recuerdo se logra por medio del refuerzo (que consolida el recuerdo). Este proceso favorece la retención de lo que se va incorporando por medio de una red neuronal que ayuda a recordar ese objeto a corto plazo.
Entonces, la memoria tiene distintas fases: Registro: atención y percepción.
Retención: organización, asociación visualización (a través de la repetición).
Recuerdo: referencias y contexto.
A lo largo de la vida los recuerdos a través de la reminiscencia permiten reescribir la historia personal y sostener la propia identidad.
¿Cuáles son los beneficios del entrenamiento cognitivo?
Estimula las actividades mentales adormecidas.
Mejora la capacidad cognitiva para el desenvolvimiento cotidiano.
Posibilita un marco preventivo general en cuanto a la salud mental y, específicamente, en la prevención del deterioro de las funciones de la memoria.
Ahora bien, ¿cómo cuidar la memoria? Con sencillas premisas relacionadas con el estilo de vida, por ejemplo, tener una vida ordenada, realizar rutinas de ejercicios placenteros, evitar los tóxicos, como el cigarrillo y el alcohol. ¿Qué ejercicios sencillos podemos realizar? Leer el diario e intentar recordar lo leído, agrupar los productos del supermercado por rubros (lácteos, etc. ), escribir palabras que empiezan con una misma sílaba (Ej. se: sesenta), resolver crucigramas, buscar lógicas, establecer secuencias, hacer cálculos matemáticos, recordar, por ejemplo, cuántas personas con abrigo verde hemos cruzado, si lee un libro tratar de resumirlo para tratar de contarlo. (I)