El Telégrafo
Ecuador / Sábado, 30 de Agosto de 2025

Es erróneo considerar normal que cuando una persona mayor se deprime, está atravesando un proceso habitual de la propia vejez, por lo que la mayoría de veces estas personas no son diagnosticadas ni tratadas como es debido.

Si bien es cierto que habitualmente son los propios ancianos los que solo describen los síntomas físicos cuando van al médico, es tarea de profesionales y familiares advertir signos que pueden hacer pensar que allí hay un cuadro depresivo. La depresión crónica tiene consecuencias físicas y mentales, que repercuten directamente en la calidad de vida y que pueden empeorar problemas de salud existentes y desencadenar algunos nuevos.

Aunque la depresión puede aparecer de forma espontánea, con cierta frecuencia, puede ser desencadenada por algún acontecimiento como la pérdida de un ser querido al que se estaba muy ligado, y por el proceso de duelo que se origina luego. Conviene decir que no todos los ancianos tienen la misma vulnerabilidad a la hora de padecer depresión, pero sí parece ser que las mujeres tienen un riesgo algo mayor que los hombres.

Agrupamos las principales causas que pueden conducir a personas de la tercera edad hacia un proceso de depresión: La pérdida de salud que acontece con la edad: condiciona el deterioro funcional con tendencia a la dependencia física y pérdida de autonomía. Van sintiendo un progresivo descenso en el control que ejercen sobre sus vidas, debido a cambios físicos como la pérdida de visión o audición.

Esto contribuye a emociones negativas (tristeza, baja autoestima,…) que, a su vez, favorecen el aislamiento social y la apatía. Llega un momento en el que el anciano se encuentra con la pérdida de roles en el seno de la familia debido a la salida de los hijos, y con que juega un papel menor dentro de la misma. (I)

Autodependencia

Menos recursos económicos y pocos amigos

También inciden en la depresión la merma de la capacidad económica que acontece a la jubilación, y que condiciona un cambio brusco en la actividad y en las relaciones sociales. Otro aspecto es la pérdida de familiares, amigos y seres queridos que, en ocasiones, se acompaña de reacciones de duelo patológico, produce sentimientos de aislamiento y desesperanza que pueden llegar a desencadenar ideas suicidas en los ancianos. (I)