El cuidado de los nietos puede representar un alto costo en la edad dorada
Convertirnos en abuelos nos despierta varios sentimientos, algunos de ellos contradictorios. Probablemente una gran alegría de ese pequeño ser, engendrado por quien fue el que estuvo en nuestra panza o en nuestros brazos, jugando y balbuceando sus primeras palabras y que, ahora, que se convierte en padre o madre. Puede también que sintamos algo de celos al sentir que se produjo un cambio en la relación con nuestros hijos ahora que son padres y que nos cueste encontrar un espacio de intimidad con ellos.
Algunos disfrutarán una de las mayores alegrías al recibir a los nietos y ver el desarrollo de sus vidas, sin tener que hacerse plenamente responsables y pudiendo mimar y jugar sin tener que poner límites. Pero, para otros, ser abuelos trae también la obligación de dedicarse a los nietos, ya que sus hijos trabajan o estudian, sin poder elegir los tiempos de encuentro.
Esto lleva a que la relación con los nietos se parezca más a la de ser padres, pero sin poder poner los mismos límites y teniendo muchas veces que soportar retos de los hijos porque no se hacen las cosas como ellos esperan.
¿Abuelos esclavos? El doctor Guijarro Morales, un especialista español, describe el “Síndrome de la Abuela Esclava” como una enfermedad más habitual de lo que se piensa. Afecta fundamentalmente a mujeres adultas con responsabilidades de ama de casa, que durante muchos años se sintieron satisfechas con esta tarea y que en cierto momento comienzan a sentirla agobiante.
Con el paso de los años, el aumento de los nietos y con ello de las obligaciones, estas mujeres que habían disfrutado de esta tarea y eran capaces de hacer ellas solas todo el trabajo, se sienten desbordadas y esto precipita la enfermedad.
La fortaleza física y psíquica se va deteriorando y llega un momento en que se produce un desequilibrio entre lo que tiene que hacer y lo que puede. Trate de continuar, desconociendo los cambios que han sucedido, sin llegar a conseguirlo, con un costo muy alto para su salud. Por no poder expresarse y desconocer sus propios límites se produce el desequilibrio, en vez de generar un cambio sienten vergüenza y culpa.
A las emociones en movimiento se les pueden sumar, por ejemplo: eventos de hipertensión, sofocos, palpitaciones, mareos, sensación de debilidad o extremo cansancio, una sensación de malestar indefinido o simplemente tristeza.
Es necesario que podamos hablar, sin sentirnos culpables, porque no siempre “se quiere ni se puede” cuidar a los nietos. Cada uno sabrá cuánto dar sin que esto implique sentirnos malos abuelos. (I)
Actitud frente a la vida
"Por qué esconder los años cumplidos"
Cumplir años nos pone en recuentos y valoraciones muy personales sobre lo vivido. Detengámonos un segundo a pensar qué significa un cumpleaños y por qué festejarlo.
Hace algunos años, cuando la actriz Cipe Lincovsky estaba por cumplir los 70 años, me dijo una frase que quedó dando vueltas en mi cabeza hasta hoy: “Yo vivo un año más cada cumpleaños, cómo no voy a festejar, cómo me voy a sacar la edad si cada año que yo viví es un año y sigo, y sigo en carrera”.
Esta frase expresa un saber inconfundiblemente cierto, ya que el cumpleaños se convierte en un reconocimiento a una trayectoria de vida. Sin embargo, lo que solemos escuchar es que la gente se avergüenza por los años que tiene, más que sentirlos como un logro y un orgullo, lo que lleva a que muchos dejen de festejar después de determinada edad.
Seguramente cumplir años nos pone también en recuentos y valoraciones muy personales sobre lo vivido. Detengámonos un segundo a pensar qué significa un cumpleaños y por qué festejarlo.
Festejar el cumpleaños implica un momento para pensar qué queremos y hacia dónde vamos, es decir, renovar nuestro pacto con la vida y recrear la promesa de vivir mejor los siguientes años. No por nada la firma consiste en apagar una vela y pedir tres deseos.
El festejo es también una ceremonia social donde se recrean los lazos con los otros, por eso festejar el cumpleaños debe ser una fiesta con amigos y familiares, porque la vida se vive con otros a quienes queremos y nos quieren, a quienes necesitamos y nos necesitan. Por todo esto, la vida merece festejarse y más aun cuando las velas cubren toda la torta.
A un lado deben quedar los temores por el rechazo social que existe por sumar años de vida, por acercarse a la vejez, sin pensar que esta etapa de la vida representa también varias alternativas de disfrute.
*Por Ricardo Iacub, doctor en psicología de la edad media y vejez.