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Las tensiones disimuladas por la presencia de los hijos y convivir luego de la jubilación son 2 razones

Separarse y empezar una nueva vida después de los 60 años

Las tensiones disimuladas por la presencia de los hijos y convivir luego de la jubilación son 2 razones
27 de julio de 2015 00:00

Pero, ¿qué puede motivar separarse en la vejez, cuando se supone que la mayoría de la vida está hecha? Por diferentes razones -emocionales, afectivas o económicas- se supone que un matrimonio se fortalece con el paso de los años.

Según los expertos, la edad no es un impedimento para ser feliz. Y este deseo también está presente en las separaciones en la vejez o como lo llaman el ‘divorcio tardío’.

En las mujeres puede ser la búsqueda de la tranquilidad, de vivir su vida sin tener la ‘carga de cuidado’ de sus esposos o cumplir los sueños postergados a causa del matrimonio. En los hombres, buscar nuevas experiencias o compañía, por lo general, con mujeres de menor edad.

Carla Barrera Navarrete vive en Quito. Tiene 80 años y tres hijos que los “sacó adelante”, dice, sin ayuda del esposo, quien formó otro hogar cuando tenía 50 años.

Para ella, a pesar de las necesidades económicas, la tranquilidad y el amor de sus hijos son la principal recompensa. “No me arrepiento del divorcio, soy feliz, sin tener que cuidar a nadie”.

El matrimonio y el divorcio no tienen edad. En Ecuador, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), el número de divorcios en los últimos 10 años se incrementó 95%, mientras los matrimonios representaron 11,1%. El 53,9% de los hombres se casa entre los 20 y 29 años. El 52,9% en el caso de las mujeres.

En los divorcios, en cambio, el mayor porcentaje se produce entre los 30 y 34 años; eso equivale a 17% en los hombres y 18,8% en las mujeres.

Separarse en la juventud representa algunas ‘ventajas’, por las condiciones económicas y sociales. A partir de los 50 años existen más problemas para adaptarse a los cambios.

En este grupo etario también se manifiesta menos esperanza de futuro, lo que puede tener repercusión en la salud mental de los adultos mayores.

En 2011, en promedio, los matrimonios que terminaron en divorcio tenían una duración de 14,5 años. En 2003 era de 12,8 años.

La edad promedio para casarse en Ecuador es de 30 años para los hombres y 27 para las mujeres. Mientras la edad promedio para divorciarse es 41 años para los hombres y 38 para las mujeres.

Si los divorcios van en aumento en relación a los matrimonios entre los jóvenes y adultos, ¿qué está sucediendo con los adultos mayores?

El número de personas que se divorcia después de los 50, 60 y 70 años es pequeño, pero en comparación a los últimos 10 años, también se ha incrementado.

En 2004 se produjeron 11.725 divorcios. De esta cantidad, 1.810 correspondieron a hombres mayores de 50 años y 1.181 a mujeres.

Luego de 10 años, en 2014, con una población de 16’027.466 habitantes, el número de divorcios en Ecuador subió a 24.771, equivalente a una tasa de1 5,46 por cada 10.000 habitantes.

Entre los 55 y 59 años se divorciaron 1.623 hombres; de 60 a 64, 913; de 65 a 69, 539; y de 70 años y más, 459.

En el caso de las mujeres, en la vejez se divorcian menos que los hombres: 683 entre las edades de 60 y 64 años; 295 de 65 a 69 años, y 206 de 70 años en adelante.

Sin embargo de que existe un incremento de los divorcios en la vejez, un dato importante también es el aumento del número de matrimonios que se produjeron en 2014.

El 3,15% de un total de 60.328 nupcias corresponde a personas mayores de 60 años, en el caso de los hombres, y 1,5% en las mujeres.

Las tensiones, disimuladas durante los largos matrimonios por la presencia de los hijos en el hogar y porque la actividad laboral permitía a ambos descansar unas cuantas horas al día de la presencia del otro, estallan cuando uno de los dos se jubila.

Esto sucede más con los hombres, porque las mujeres que rondan los 60 años han sido preparadas en su mayoría para vivir como amas de casa.

Hay mujeres que recuperan la calma cuando se divorcian y se enamoran de nuevo, cosa que no es muy habitual.

Algunos hombres buscan nuevos amores en este último tramo de su vida, con los que en muchas ocasiones su vejez cobra vitalidad y recuperan su activa sexualidad. Pero también se dan ocasiones en que no se encuentran más que relaciones imposibles.

Un estudio en España señala que el nivel de satisfacción en las mujeres divorciadas (relaciones con amigos y actividades extralaborales) es mayor que en los varones.

En ambos sexos, la tasa de enfermedad y muerte es más alta. El efecto negativo del divorcio en la vejez se debe a la falta de sistemas de apoyo adecuados. Un ajuste correcto depende de recursos económicos, educación y redes con familiares y amigos. (I)

Deterioro cognitivo

Quedarse solo en la vejez conlleva varios riesgos

Por viudez, separación o divorcio, en los adultos mayores quedarse solo eleva el riesgo de padecer deterioro cognitivo, según un estudio publicado en la revista British Medical Journal.

Los resultados, que no se vieron alterados por la introducción progresiva de diversas variables de ajuste para la edad madura, mostraron que las personas que convivieron con una pareja en la edad madura tuvieron una menor probabilidad de mostrar deterioro cognitivo en su vejez que el resto de las categorías examinadas: solteros, separados o divorciados y viudos.

Asimismo, aquellos que enviudaron o se divorciaron en la edad madura y que permanecieron solos durante el período de seguimiento, tenían un riesgo tres veces mayor de mostrar deterioro cognitivo que los que estaban casados o convivían con alguien.

Quienes enviudaron en la edad madura y, por segunda vez, también en la vejez, tenían una razón media de probabilidades de 7,67 en comparación con los casados o convivientes.

Vivir en el seno de una relación con una pareja podría implicar retos cognitivos y sociales que tengan un efecto protector frente al deterioro cognitivo posterior en la vida, de manera consistente con la hipótesis de la reserva cerebral. (I)

Nuevos roles

Buscar la felicidad a pesar de los años

Según un estudio del Instituto de Restauración Neuropsicológica Nexos, de Chile, el divorcio de matrimonios maduros parece ser un fenómeno creciente a nivel mundial y también en nuestra sociedad.

Los matrimonios mayores han luchado por conservar un apego al compromiso y a los valores tradicionales en el gran esfuerzo que significa el desgaste de la convivencia a través de los años; sin embargo, cada vez más, las personas de ambos sexos han adquirido conciencia de lo que significa terminar la vida lleno de frustraciones y el impacto de ello como ejemplo para los hijos y en la creencia en el matrimonio como elección de vida.

Es posible que esto forme parte de otros procesos de cambios sociales, como la globalización, el acceso al conocimiento de otras culturas, a la información creciente de temas médicos y psicológicos y del rol laboral de la mujer, incluso como jefe de familia cada vez más frecuente en nuestra realidad. (I)

El miedo al que dirán, el entorno familiar y social determinan que las parejas no den paso al divorcio. Foto: John Guevara / El Telégrafo
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