A los JJ.OO. de 2016 accederán las 55 mejores de la clasificación ITU

Una prueba de sangre cambió la vida de Steffy

- 20 de octubre de 2015 - 00:00
Steffy Salazar es una chica perseverante que superó sus miedos y, gracias a un potencial nato, se ha convertido en una de las mejores triatletas del país. Foto: internet

A los JJ.OO. de 2016 accederán las 55 mejores de la clasificación ITU

Un examen de sangre marcó la vida de Steffy Salazar Pérez. Cuando tenía 12 años de edad, a ella y sus hermanos menores (Marcelo y Mijaíl), el médico deportólogo Óscar Concha les efectuó una evaluación y descubrió que tenían niveles superiores a lo normal de VO2 máx, por lo que eran aptos para terciar en deportes de largo aliento.

El VO2 es la cantidad máxima de oxígeno (O2) que el organismo puede absorber, transportar y consumir en un tiempo determinado, algo que aumenta los volúmenes de resistencia física.  

Marcelo Salazar, padre y entrenador de la cultora, solo se enteró de esta particularidad 9 meses después de la prueba sanguínea y habló con sus retoños sobre este potencial, resolviendo que el triatlón sería la disciplina donde lo desarrollarían.

Al principio Steffy no estaba convencida de que eso fuera lo más adecuado, porque pese a que le gustaba nadar y había participado con éxito en competencias estudiantiles de atletismo, no dominaba la bicicleta. Es más, le tenía fobia.

Armados de mucha paciencia, Marcelo y su esposa,  Jacqueline Pérez, la ayudaron a ganar habilidad en el “caballito de acero”. Los resultados no pudieron ser más alentadores. Cuando tenía 14 años, durante un campeonato nacional de la categoría, escenificado en Manta, se adjudicó la medalla de oro.

Muchos quedaron con la boca abierta al ver su desempeño, “recuerdo que representantes de Manabí, Pichincha y otras 2 provincias la buscaron para federarla. No aceptamos, somos demasiado querendones de nuestro querido Baños y de nuestra provincia, Tungurahua”, manifiesta el progenitor.

Desde entonces, la carrera deportiva de Steffy es lo más parecido a un cometa: fulgurante. En la etapa juvenil pisó los podios sudamericano, centroamericano y panamericano, llegando, incluso, a ser invitada a los campamentos que organiza la Unión Internacional de Triatlón (ITU) con las jóvenes promesas olímpicas.

En 2013 la joven estuvo en el puesto 1 del ranking ITU de América en la división junior; en 2014 alzó la medalla de bronce de los Juegos Bolivarianos de Playa, y el domingo anterior alcanzó la presea de oro en la Copa América que se cumplió en Cartagena (Colombia). “Le ha costado acoplarse al cambio de distancias, ya que en senior se corre 40 kilómetros en bicicleta, se nada 1.500 metros y se trota 10 kilómetros. En la junior corría y nadaba la mitad”, señala Marcelo.  

Lágrimas y decepciones

El domingo 24 de mayo último, Steffy ingresó llorando al comedor. Acababa de enterarse de que su amiga y rival la azuaya Cristina Fárez había muerto atropellada mientras practicaba ciclismo. Su indignación y temor a los conductores de automotores la llevaron a pensar en el retiro.

No era la primera vez que se decepcionaba. En 2013, al no conocer sobre el trámite a realizar para ser incluida en el Plan de Alto Rendimiento del Ministerio del Deporte, no lo hizo a tiempo y, pese a sus méritos, quedó excluida. Debía esperar el siguiente año.

Afortunadamente es una chica de carácter muy fuerte. Julio Ramírez, presidente de la Federación Ecuatoriana de Triatlón, recuerda que, pese a no haber entrenado con frecuencia para los Juegos Bolivarianos de Playa que se celebraron en diciembre de 2014, en Huanchaco (Perú) terminó en tercer lugar.

Esa misma característica la pondera el mexicano Donato Barbosa, director técnico de la Federación Ecuatoriana. “Es mentalmente fuerte; además de ser sencilla, alegre y receptiva. Está interesada en mejorar, le hice algunas observaciones para trabajar en la eliminación de algunas fallas técnicas. Debo hablar con su padre”, sintetiza.  

En la actualidad, además de entrenar, estudia ingeniería industrial en la Universidad Indoamérica. Gusta ir al cine a ver películas de terror o comedias románticas, acompañada de tazones de canguil. (I)

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