El Puerto Quito quiere agrandar su historia en el fútbol profesional

- 29 de enero de 2018 - 00:00
El lateral derecho Richard Farías (centro), quien nació hace 23 años en Quinindé, es uno de los exponentes que aportó para el ascenso a la B. Comenzó su carrera en la Academia Alfaro Moreno, luego se fue al Águilas de Santo Domingo.
Foto: Miguel Jiménez / El Telégrafo

En 2018, el ‘Guaño’ será local en Santo Domingo. Sus directivos cuentan que no tenían previsto ascender a la serie B, pero ahora asumen el reto con beneplácito. Este equipo pichinchano desea crecer en la provincia ‘tsáchila’.

¡Vivir un sueño! Sería un título bastante pertinente si se filmase una película basada en la actualidad del Club Especializado Formativo Puerto Quito, cuyo equipo jugará este año en la serie B del balompié nacional.

En estos días la frase “por primera vez” es la más recurrente en el entorno del combinado pichinchano. Por primera vez sus directivos concurrieron a un congreso de la Federación Ecuatoriana de Fútbol (FEF), por primera vez recibirán dinero por sus derechos de televisión, por primera vez están organizando un evento para la presentación de su plantilla.

Dicho evento, suspiran sus máximos dirigentes, sería un cotejo contra Barcelona, el equipo más popular del país, nada más y nada menos.

Esa probabilidad la anunció hace varios días el titular ‘torero’ José Francisco Cevallos. No están confirmados ni horario, ni fecha ni escenario, mas el ‘Canario’ lo ha incluido en la serie de compromisos amistosos que realizaría antes del inicio del torneo de la serie A.

Lo único seguro para el ‘Guaño’ es que esta temporada será local en el estadio Tsáchila de Santo Domingo,  hacia donde se trasladaron sus elementos.

“Y es que el estadio de la Liga Cantonal de Puerto Quito no califica para primera categoría, tiene aforo para unas mil personas y al jugar en la B necesitamos un escenario más grande”, justifica Camilo Meneses, gerente general del ente.

Pero, a la par de sentirse emocionados, quienes conforman la institución saben que estar en la serie B eleva las exigencias. Requerirán más recursos para costear una nómina de mayor nivel, pues rivalizarán con representativos superiores en cuanto a peso, tradición y experiencia.

Encararán a conjuntos como Olmedo de Riobamba, campeón ecuatoriano en 2000, que ha participado en la Copa Libertadores, o al América de Quito, que también ha terciado en dicho certamen internacional.

Le saldrán al frente oponentes que tienen en sus hojas de vida participaciones en la Copa Sudamericana: Liga de Loja (2012, 2013 y 2015) y Fuerza Amarilla (2017) y otros con pasado en la serie A: Liga de Portoviejo, Manta, Mushuc Runa y Clan Juvenil.

Al menos en eso el cuadro del noroccidente de Pichincha no es tan novato, en la segunda categoría dejó en el camino a un peso pesado como Deportivo Quito (campeón ecuatoriano en 1964, 1968, 2008, 2009 y 2011) y a otro de trayectoria como Espoli (vicecampeón nacional en 1995).

De hecho, añade Meneses, al comenzar 2017 no se les cruzó por la mente el ascenso, esto pese a que en 2016 únicamente les faltó un gol para acceder a la fase final de segunda. “Comenzamos a creer que era posible subir después de ganarle de locales y de visitantes a una institución tan grande como el Quito”.

Su presupuesto era incierto y luego se tornó “indefinido”; lo iban ajustando conforme superaban etapas. 

El año anterior efectuaron 42 partidos, de los cuales solo perdieron dos, frente a Espoli (2-1) en la fase provincial, en Cayambe. Y contra Deportivo Puyo de Pastaza (1-0) en Puerto Quito, durante el zonal 2.

En su campaña, sumadas todas las rondas, totalizó 88 puntos, producto de 24 victorias y 16 empates, que le dio un rendimiento del 69,8%, desempeño que le aseguró el cetro nacional de la segunda categoría.

Tal realidad les hace creer posible, más allá de mantenerse en la serie B, el adjudicarse la corona, situación que le daría la oportunidad de pelear por el cuarto cupo a la Copa Sudamericana de 2019 con el octavo de la primera A.

Evolución
Aunque no tiene la fecha exacta de fundación del club, su presidente, Wilder Valencia, calcula que su nacimiento debió originarse hace más de tres décadas. “Se lo digo porque yo tengo 44 años y cuanto tenía 10 el Puerto Quito ya existía”, refiere.

En aquel entonces, el ente participaba a escala barrial, en la que ha intervenido la mayor parte de su historia.

Su paso del deporte comunitario al amateur y la posterior transición al profesionalismo se registraron en los últimos siete años.

En 2011 dejó de terciar en el ámbito amateur, luego, en 2015, ya con don Wilder a la cabeza, ingresó a una brega avalada por la Liga Deportiva Cantonal de Puerto Quito, donde obtuvo un cupo para la Copa Pichincha.

Es en esta justa donde se impulsa al fútbol rentado, ya que queda subcampeón de la Copa Pichincha y con ello gana un cupo en la segunda categoría ‘oro y grana’.

Su caminar por la segunda categoría en 2017 sorprendió a todos, don Wilder cuenta que con el propósito de recaudar fondos y solventar los menesteres de una incursión cada vez más prolongada, tuvieron que vender comida y promover rifas, como la de una vaca y un torete.

Meneses recuerda la vez que vendieron humitas o las ocasiones que esperaban a la salida de la iglesia de Puerto Quito para expenderles entradas a los feligreses.

Las tareas vincularon a las familias de los directivos, entre ellas Rocío Eras, esposa de Valencia, e Irene Cuenca, cónyuge de Meneses.

“Tengo tres hijos: Helen (16 años), David (15 años) y Émily (8 años); la mayor le ayudaba a mi señora a vender los boletos, mientras David hacía de pasabolas; eran formas de reducir gastos”, relata el gerente general.

Todos apoyaban, agrega, jugadores como William Araujo, figura de la entidad, iban de puerta en puerta a ofrecer los ticketes para los encuentros. Cada entrada se ofertaba en $ 5, cada boleto para las rifas, en $ 2. Llegaron a tener asistencias de hasta 1.000 personas y cantidades similares al despachar los talonarios de los sorteos.

Ahora es diferente, pueden prever parte de sus ingresos; la entidad recibirá $ 440 mil por derechos de televisión. Piensan alcanzar un presupuesto de $ 700 mil para afrontar 2018, lo que falta lo completarían con el dinero de auspicios y taquillas. (I)

Un proyecto a largo plazo en una ciudad futbolera
Gritos como “¡dale!”, “¡voy!”, “¡marca!”... le hacen música de fondo a las declaraciones de Héctor el ‘Pipa’ González, director técnico del Puerto Quito, quien emprende su tercera temporada con este club pichinchano. La meta del esmeradeño es mantenerse en la serie B, pero no oculta que, de estructurar un equipo competitivo, peleará por ascender a la serie A. Mejor aún, si es campeón de la B, disputará un cupo a la Copa Sudamericana de 2019 con el octavo de la primera A. “Ratificamos al 65% del plantel. Primero queremos consolidarnos, luego luchar por el ascenso; eso lo determinarán las aspiraciones de la dirigencia”.

Las incorporaciones realizadas corresponden en su mayoría a retornos, tal es el caso de los volantes John Jairo Medina, que proviene del América de Quito, y de Joel Bravo, que trabajó en el Gualaceo, además del delantero Álex George, quien estuvo en Universidad Católica. No se confirman todavía los refuerzos foráneos. Camilo Meneses, gerente del club, cita que el proyecto del ‘Guaño’ es a largo plazo, su afán es arraigarse en Santo Domingo, que no tiene elencos en primera, pero sí una afición ávida de fútbol profesional. Sus auspiciantes son las empresas ‘coloradas’ Soft Water y Constructora Wilson Erazo, así como la Prefectura de Pichincha. (I)   

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