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Endara sigue con su lucha

El ciclista, que sufrió un accidente en 2018, tiene secuelas físicas, pero se esfuerza diariamente por mejorar. Ayer se desarrolló la audiencia de juzgamiento en la Unidad de Tránsito, en Quito.
01 de febrero 00:00

La vida de Felipe Endara cambió en un segundo. Era un destacado ciclista de montaña, promovía el deporte a través de una escuela de esa disciplina; su vínculo con la bicicleta era muy estrecho desde niño.

El 16 de julio de 2018, a las 18:38, el pedalista fue embestido por un automóvil que invadió vía. Ese día, Endara regresaba de un entrenamiento y se movilizaba en su transporte preferido, la bicicleta, por la avenida Interocéanica, que conecta Quito con Cumbayá.

Un año y medio después, las secuelas se mantienen. Por las lesiones, su cerebro fue el más afectado y esas dolencias le impiden hoy desenvolverse con normalidad. La rehabilitación cognitiva y física ha sido prácticamente diaria, lo que ha permitido mejorar su calidad de vida, así como la de su familia.

Aún se mueve en silla de ruedas, pero también puede dar unos pequeños pasos, como que aprendiera a caminar de nuevo. Necesita ayuda para comer, pero trabaja en esos movimientos de su brazo para llevar por sí mismo los alimentos a su boca.

Al principio, los especialistas señalaron que perdería la mitad de la visión de un ojo; sin embargo, posteriormente perdió la visión definitivamente en ambos. Las lesiones en los nervios ópticos fueron irreversibles.

“Es duro ver así a una persona que ha sido súper activa, que se movía en su bicicleta a todos lados, que no necesitaba ayuda, y que ahora la necesita mucho. Poco a poco logra ciertas cosas, pero no es suficiente”, dice su tía Eugenia Ponce.

Su hermano, Juan Martín, regresó hace un mes de Argentina donde residía. Cuando ocurrió el accidente atravesaba una situación que no le permitía volver; estaba frustrado por no estar presente.

Lo recuerda siempre competitivo y “amarrado” a la bicicleta, algo que es de familia, pues él también pedalea, no para competir, sino para movilizarse.

Su familia es optimista con su recuperación. Si bien saben que no será el mismo, todos confían en que su calidad de vida mejorará de a poco. “Nunca ha perdido esa esencia de querer vivir”, destaca su tía. Y Felipe lo demuestra cada día. (I)

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