La parroquia está a una mayor altura que zaruma

Güizagüiña dio refugio a quienes huían de las guerras con Perú

- 12 de marzo de 2015 - 00:00
Más de un centenar de comuneros se dedican exclusivamente a la producción de caña de azúcar desde hace décadas. Ellos recibieron a sus familiares que huían de la guerra en los años 1941, 1981 y 1995. Foto: Henry Andrade Jiménez

La parroquia está a una mayor altura que zaruma

Los tres conflictos bélicos entre Ecuador y Perú (1941, 1981 y 1995) dejaron huellas entre los habitantes de Güizagüiña.

Esta parroquia orense, ubicada a 1.250 metros sobre el nivel del mar (más alto que Zaruma), acogió a miles de personas que huían con sus familias de las guerras. Todos provenían de Huaquillas, Arenillas, Santa Rosa, Machala y otras poblaciones del llano, cercanas a la línea de frontera. Segundo Ochoa (foto), con 81 años, recuerda haber visto a masas de coterráneos que arribaban a esta localidad, netamente agrícola, asentada en la cordillera.

“Los peruanos habían incendiado la parroquia Piedras. El pueblo estuvo quemado. Eso fue en el 41”, expresó Vicente Macas, uno de los profesores más antiguos (30 años como docente) de este poblado, cuyo nombre es una mezcla entre kichwa y español.

El catedrático sostuvo que los familiares de los güizagüiñenses que vivían en otros cantones prefirieron subir a las montañas porque se sentían más seguros. “Nuestros parientes precautelaron la vida de sus seres queridos”, remarcó.

Los tiempos de guerra no fueron complejos para quienes llegaron en busca de seguridad.

La iglesia de la Virgen de los Remedios aún conserva sus puertas originales instaladas en 1830. La imagen principal también es de esa época. Foto: Henry Andrade / El Telégrafo

Güizagüiña es tierra fértil. La temperatura promedio llega a los 20 grados centígrados. Las 1.500 familias que viven en la zona -prácticamente- tienen de todo a su alcance. El agua baja directamente de las montañas. En las fincas se produce banano, café (diferentes variedades), naranjas, borojó, limón dulce, arroz, caña de azúcar, etcétera. Ningún comunero se atreve a dar una cifra del número de personas que escapaban de un posible ataque peruano. Wálter González, campesino, rememoró que un primo suyo, casado con una huaquillense, llegó con los 8 miembros del núcleo familiar cuando se desató la guerra en Paquisha.

“Albergamos a miles de allegados nuestros”, puntualizó.

A Ángel Aga, en cambio, se le vino a la memoria los centenares de camionetas llenas de orenses que pugnaban por llegar a la tierra de la Virgen de los Remedios. Los güizagüiñenses son fieles creyentes de la imagen que data de 1830 y que permanece en la iglesia desde esa época.

A ella le atribuyen muchos milagros que han quedado registrados en centenares de libros almacenados en el templo.

La Virgen recibe ese nombre porque en su mano derecha lleva lo que se asemeja a una pastilla. El profesor Macas comentó que los ancestros les narraron sobre la aparición de una niña en la laguna de Chinchillo a casi 3.000 metros sobre el nivel del mar. A este lago de agua muy fría acuden desde épocas inmemoriales chamanes y curanderos para sanar a personas enfermas. La niña, según dice, les daba las hierbas con las que preparaban una pócima amarga y, tras beberla, la salud de los pacientes mejoraba.  

Cada año se organiza una romería (25 de mayo) a la cual acuden más de 15 mil personas de todo el país, e incluso ciudadanos peruanos.

En la finca San Pedro, de propiedad de Carlos Ochoa, existen petrograbados que pertenecerían a la cultura cañari. Foto: Henry Andrade

Mariana Zhunaula Ochoa, de 67 años, manifestó que, en el pasado, la gente llegaba hasta en mulas a la caminata. Güizagüiña no tiene una traducción precisa al español. Los comuneros tienen 3: Laguna de Sanación, Mujer Mala y Nido de Curiquinga. Lo cierto es que nadie sabe cuál es la correcta.

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