Venezuela no tiene agua, luz, ni transporte público

- 12 de marzo de 2019 - 00:00
Foto: EFE

El país sufre desde hace cinco días un corte de energía. Las clases y labores siguen suspendidas. En Caracas, la gente coge agua de los manantiales.

Un país sin energía ni agua, donde hay bandas con armas de fuego, donde se pelea por los recursos, donde no parece haber Estado. Una nación desordenada, donde comunicarse con otro punto es misión imposible. 

Es la trama que se describe en Wikipedia sobre el filme Mad Max (1979). Pero es la  historia que hoy viven los venezolanos, inmersos en una película sin guión que arrancó, al menos en su episodio actual, el pasado jueves, con un apagón nacional que ya cumplió 96 horas.

La falta de electricidad y de agua afectó a casi todo el país y paralizó la jornada laboral y de estudios ante la insalubridad de los servicios higiénicos.

La planta hidroeléctrica del Guri, en Bolívar, que suministra energía a gran parte del país, falló.

El presidente, Nicolás Maduro, asegura que se trata de un sabotaje intencionado.

Pero la falta de electricidad afecta también a los bolsillos, ya que no se pueden usar los cajeros automáticos. 

Las transacciones económicas son vitales en Venezuela, incluso para las operaciones pequeñas, por la escasez del dinero en efectivo.

A la ausencia de agua y luz se le suma también la falta de transporte público, ya que el 80% está paralizado por falta de repuestos. Un verdadero problema para las personas más pobres que tienen que caminar por horas o que deben movilizarse en bicicletas o triciclos.

Según la Organización Mundial de la Salud, los cortes de energía dejan 15 muertos por no recibir tratamientos de diálisis. Sin embargo, una encuesta de Médicos de la Salud indicaba el 9 de marzo que había 79 fallecidos por distintas complicaciones generadas por la falta de luz.

Las faldas del Parque Nacional El Ávila, símbolo del norte de Caracas y en donde hay manantiales, es punto improvisado de abasto ante la escasez del agua.

El diario El Confidencial publicó que este domingo eran decenas las personas que se acercaban a ellos con todo tipo de garrafas para llenarlas y tener algo de agua con la cual hacer labores tan cotidianas como asearse.

“No abastecen en ningún otro lado, no hay luz, no hay puntos de venta, el efectivo escasea, se nos daña la comida, los refrigeradores no aguantan. Y encima la inseguridad, porque están robando mucho”, dice una familia mientras se abastece de agua. 

Ellos, que hicieron fila por más de 3 horas, vienen desde la otra punta de la ciudad con ocho garrafas de 20 litros cada una.

A esto se le suma la búsqueda de hielo para intentar mantener los alimentos congelados. Tampoco se pueden cocinar ya que la mayoría de las cocinas son eléctricas.

Luisa Valor cocinó la mayoría de las cosas que tenía en el congelador. Prefiere hacerlo y comerlo, o repartirlo, a que se pierda esa comida. Ella tiene cocina a gas. Otras personas han perdido comida y dinero.

Por su parte, los mercados bajaron drásticamente los precios. En un comercio de Libertador, el centro administrativo de Caracas, venden queso a mitad de precio antes de que se dañe.

Boca a boca, o por cadenas de WhatsApp, la gente replica consejos para mantener sus alimentos. Congelar bolsas con agua y sal si llega un rato la luz, cocinar la carne picada, la leche que se corte no tirarla sino taparla con un poco de sal para tener yogur, picar las verduras y ponerlas en aceite con vinagre.

Difícil comunicación
En la autopista Francisco Fajardo, la principal vía, hay varios tramos con embotellamientos. Los generan los conductores en busca de señal o internet para comunicarse con sus familias. (I)

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