Puebla preparó albergues para la caravana migrante

- 05 de noviembre de 2018 - 00:00
La iglesia central de Puebla fue acondicionada para recibir a los miles de migrantes que cruzan el territorio mexicano para llegar a Estados Unidos.
Fotos: Agencia EFE

Miles de caminantes que llevan varios días recorriendo el territorio mexicano, hicieron su última parada antes de llegar a Ciudad de México. En el refugio acondicionado por las autoridades poblanas recibieron servicio médico, alimentos y atención psicológica y jurídica. Muchos presentan enfermedades respiratorias debido a las noches a la intemperie. Un grupo se convirtió inesperadamente en parte de una boda entre una mexicana y un hondureño.

Un grupo de la caravana migrante de centroamericanos, que avanza de manera fragmentada y a cuenta gotas por México, logró llegar ayer al central estado de Puebla, última parada antes de Ciudad de México dentro de su travesía hacia Estados Unidos. Otros más arribaron a la capital mexicana.

La caravana se fragmentó a su paso por el estado de Veracruz, donde un gran contingente decidió caminar tras no recibir el transporte que el Gobierno local prometió a los migrantes para trasladarse a la capital del país.

Hombres, mujeres y niños integran el convoy que desde mediados de octubre va en busca del “sueño americano”.

La noche del sábado, hondureños, salvadoreños y guatemaltecos comenzaron su arribó al municipio de Amozoc, en la parte central del estado y a unos 25 kilómetros de Puebla, la capital.

En Puebla, las autoridades esperaban durante el domingo la llegada de unas 4.500 personas en los albergues instalados en las parroquias “La Asunción” y “San Juan de los Lagos”, además del polideportivo Xonacatepec, donde descansarán para lunes y martes moverse a la Ciudad de México.

Con mapas, los migrantes marcan la ruta que deben seguir, enfrentándose a múltiples peligros en el camino.

El padre Gustavo Rodríguez Zárate, coordinador de la Diócesis Pastoral Migrante, señaló a EFE que siguen esperando la llegada de más migrantes, unos 2.000 entre domingo y lunes, y una vez reagrupados pondrán rumbo a la capital, a unos 130 kilómetros de distancia.

En la parroquia “La Asunción” pasaron la noche 500 personas; el número se ha ido incrementando durante el día hasta rebasar el cupo. En el parque, junto a la parroquia, se iban asentando los recién llegados hasta que fueron trasladados al albergue más cercano ante la inminente lluvia. En Puebla, los viajeros recibieron servicio médico, alimentos, atención psicológica y jurídica.

La mayoría sufren enfermedades respiratorias debido a las noches a la intemperie, las largas caminatas y a las bajas temperaturas que han sufrido desde su ingreso a México el pasado 19 de octubre. “Mucha gente viene enferma, al día siguiente se levanta y sigue caminando” señala Cindy Morales Fuentes, originaria de Honduras.

Glenda Patricia, otra hondureña que viaja con sus dos hijos, de 14 y 16 años, también ha padecido las inclemencias del clima. “Todos vamos enfermos” comenta a EFE. “Ahorita nos están dando albergues pero hemos caminado hasta 10 horas, nos caía la lluvia y después y dormíamos bajo la lluvia”.

En maletas y mochilas, los ciudadanos llevan sus sueños, ilusiones y deseos de encontrar un mejor futuro.

Invitados a la boda

Hubo un episodio que pareció sacado de un cuento de García Márquez, cuando un grupo de migrantes fue invitado a una boda.

Gloria Velázquez y Christopher Reyes, ella mexicana y él hondureño, jamás imaginaron que su unión eclesiástica coincidiría con el paso de los caminantes centroamericanos por México y mucho menos que varios de ellos serían convidados a la celebración.

“Le dije que invitara a quien quisiera, pero se pasó”, dice entre risas Gloria Janeth Velázquez, mexicana de 37 años de edad, que se casó este domingo en Puebla.

La boda se realizó en la parroquia de la Asunción en la ciudad de Puebla. “Nos enteramos anoche, a las 10 más o menos, cómo nos íbamos a enojar (de coincidir con los migrantes). Al contrario, pasamos a comprar unos pañalitos para los niños”, dijo a la AFP Cristhoper Reyes mientras su esposa asentía vestida de blanco. Él es un migrante hondureño que vive en México desde los 12 años y se dedica a lavar autos. (I)

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