Migrantes, atrapados y expuestos al covid-19 en frontera México-EE.UU.

- 21 de junio de 2020 - 00:00
Migrantes centroamericanos intentan llegar a EE.UU., a través de la frontera entre México y Guatemala, limitada por el río Suchiate, en Ciudad Hidalgo.
Archivo/ ET

El acuerdo migratorio alcanzado el año pasado por ambos países dejó a muchos extranjeros atrapados en territorio mexicano a la espera de que se resuelvan sus peticiones de asilo. MSF exige que se les brinde atención sanitaria.

México suele ser paso obligado para los miles de personas que todos los años intentan llegar a Estados Unidos, desde el sur y el centro de América o desde latitudes más lejanas.

El acuerdo migratorio alcanzado el año pasado por ambos países dejó a muchos atrapados en territorio mexicano a la espera de que se resuelvan sus peticiones de asilo en el norte, la mayoría en una convulsa frontera donde ahora acecha también el coronavirus.

México es uno de los más afectados en el continente americano por la pandemia de covid-19, por detrás de Estados Unidos, Brasil, Perú y Chile. Registra más de 170.000 casos de coronavirus, entre ellos más de 20.000 muertos. Sin embargo, el gobierno de Andrés López Obrador se negó a imponer medidas para prevenir el contagio, recomendando solo a los mexicanos que se queden en casa. En mayo empezó la desescalada, también voluntaria.

El jefe de misión de Médicos sin Fronteras (MSF) para sus proyectos en Matamoros y Reynosa, Marcelo Fernández, señala que “hay muchos factores que pueden influenciar la propagación y la mortalidad de la pandemia” en la nación azteca. “Por ejemplo, la alta prevalencia de factores de riesgo en la población”, como obesidad, diabetes o enfermedades cardiovasculares, indica en una entrevista concedida a Europa Press.

Fernández apunta también a las complejidades del contexto latinoamericano, donde existen sistemas de salud precarios y con desigualdades estructurales.

“El sistema de salud en México, como en la mayoría de los países latinoamericanos”, explica, “es negligente con los más vulnerables”
-como los migrantes y solicitantes de asilo-, que tienen poco acceso a servicios de atención médica para prevenir muertes por covid-19.

“México, al igual que la mayoría de los países, no estaba en las mejores condiciones para responder a la pandemia”, resume Fernández, y expresa su preocupación por el impacto social de “un posible colapso del sistema de salud cuando el país se acerca al pico epidemiológico”, a pesar de los esfuerzos de los gobiernos federal y estatales para hacer acopio de material médico y capacitar a personal sanitario.

Entre quienes podrían sufrir con mayor intensidad el azote del coronavirus están los migrantes que aguardan en la frontera con Estados Unidos la respuesta a su petición de asilo, la mayoría procedentes del Triángulo Norte de Centroamérica -El Salvador, Guatemala y Honduras-, pero también de Haití, Cuba, Brasil, Venezuela y hasta de República Democrática del Congo y Camerún, además de los mexicanos desplazados.

La linde entre México y Estados Unidos es una de las más peligrosas del mundo. Antes de la pandemia, quienes vivían o recalaban allí ya sufrían la desenfrenada violencia de las organizaciones criminales que operan a ambos lados y que tienen en el tráfico de personas uno de sus negocios. Por eso, MSF trabaja desde hace años en esta zona fronteriza, donde documentó casos de violencia sexual y secuestros, entre otros abusos.

Para aquellos que tienen a Estados Unidos como destino final, la situación se agravó con la puesta en marcha del Protocolo de Protección de Migrantes (MPP, por sus siglas en inglés), que permite a la Administración estadounidense mantener o devolver a estas personas a México hasta que sus procesos de asilo se resuelvan, prolongando así su peligrosa estancia en la frontera.

“Desde el inicio de nuestra intervención, hemos sido testigos del deterioro de las condiciones de vida de los migrantes, relacionadas con la implementación de políticas discriminatorias de EE.UU. y México, como la decisión conjunta de cerrar la frontera a toda actividad ‘no esencial’, incluidas peticiones de asilo, lo que “puede ser contraproducente en términos de control de brotes, ya que no está basada en la evidencia científica”, denuncia MSF. (I) 

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