Los italianos retoman actividades entre el miedo y la incertidumbre

Familias que se sostenían con negocios o actividades comerciales se han visto privadas de sus ingresos y consecuentemente de su estilo de vida. El temor al contagio también es parte de la “nueva normalidad”.
17 de mayo de 2020 00:00

El pasado 4 de mayo algo empezó a cambiar en el convivir diario en Italia, donde el 9 de marzo inició el confinamiento.

Ahora el país goza de una semilibertad que deja al descubierto a los 60 millones de italianos con sus dudas y miedos, malhumor y mucha preocupación.

Y es que esta ambivalencia, -regocijo y temor- tiene su razón de ser, por un lado la marca del dolor por sus 31.000 muertos, -unido al miedo del contagio- y por otro la incierta económica que ronda en todos los hogares, por el descalabro que causó la epidemia.

Alessandra Ghisleri, experta en sondeos de opinión y autora del libro La República de los sondeos, habló sobre los efectos de la pandemia en el programa radiofónico Zapping, de Rai Radio 1.

El virus nos paró a los italianos frente a dos miedos fundamentales: el sanitario, el de enfermarse y no poder enfrentar algo que no se conoce; y el otro que es el miedo económico, el no poder hacer frente a todos los vencimientos, y sobre todo no poder velar por la subsistencia de la familia”, comenta la experta.

Ghisleri explica que el miedo se ve reforzado porque los italianos están experimentando en carne propia serias modificaciones y restricciones. Familias que se sostenían con negocios o actividades, se han visto privadas de sus ingresos y consecuentemente de su estilo de vida. Quienes trabajaban en el sector privado o ya fueron comunicados de su despido, o aún no tienen clara su situación laboral hasta que la empresa reciba y haga efectiva las ayudas estatales.

El temor empezó a cobrar forma con las interminables colas frente a la organización pastoral Caritas, que antes de la epidemia asistía con alimentos a personas en dificultad, sobre todo extracomunitarios e indigentes. En estos días es evidente que la necesidad se extendió a personas de diversos estratos, a familias enteras que vieron desaparecer de un día a otro sus ingresos. El Monte de Piedad es otro de los lugares de gran concurrencia. Llegan para empeñar sus pequeños haberes, sus recuerdos de familia, “porque se debe comer”.

Hay también una especie de temor derivado de la inestabilidad económica. Al ciudadano le preocupa que esta situación pueda desembocar en rabia, en desorden social, sobre todo en el norte del país, la parte más golpeada por la epidemia.

Esta actitud se da -según Ghisleri- porque cada uno se encerró, se protegió por dos meses en sus casas como si fuera al interior de un cascarón, bombardeado de una avalancha informativa, de imágenes que mostraban la dureza de la muerte, del dolor de la impotencia frente al mal, esto causó un fuerte impacto y debilitó la psiquis.

Este miedo abarca incluso la idea de poder verse protagonista, a su malgrado, de situaciones hasta ahora inusuales, como sucedió con las manifestaciones pacíficas en Milán con un grupo de propietarios de restaurantes, que sentados en sillas -distanciadas entre sí- en una céntrica calle, pedían reabrir sus negocios. Prontamente fueron alejados y multados por la fuerza pública. Todos se sienten parte de la misma situación desde ángulos diversos.

Los miedos no son nuevos para los italianos, estos se presentan de manera casi sistemática a partir de 2001 (Torres Gemelas) con el miedo de viajar, y de ahí en adelante con todas las catástrofes provocadas por el terrorismo. Pero la diferencia entre el ayer y hoy radica que en los primeros el enemigo, por cuanto podía ser desconocido como ente, se sabía de dónde provenía y cómo se lo podía contrarrestar. En cambio, “hoy no lo conocemos, es invisible, solo intentamos imaginarlo como algo que interrumpe nuestras vidas y las cambia para siempre”, menciona la experta.

Y así, entre miedos y temores, cerca de 4 millones y medio de trabajadores, -que no pueden incluirse en el teletrabajo por ser de exclusiva mano de obra-, desde el 4 de mayo empezaron a trabajar a “medio gas”, entre miles de dificultades, como la del transporte, del aprovisionamiento de mascarillas.

La prueba de fuego espera al país el 18 de mayo, cuando la fase dos dará vida hacia la “nueva normalidad”, con la apertura de gran parte de la actividad económica. Las regiones actuarán bajo la línea del Gobierno y con estrictos protocolos de seguridad para evitar nuevos contagios. (I) 

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Líder ultraderechista convoca a protesta contra el Gobierno

El dirigente ultraderechista italiano Matteo Salvini convocó para el próximo 2 de junio, Día de la República en Italia, la primera protesta contra el gobierno de Giuseppe Conte tras el levantamiento parcial de las medidas de confinamiento adoptadas frente al coronavirus.

“Como sociedad aquí estamos: todos juntos el 2 de junio en Roma”, dijo el exministro del Interior en sus redes sociales. “Respetando las reglas, para ayudar a Italia y a los italianos”, enfatizó, junto a la pancarta que anticipa la concentración.

Los actos masivos aún están prohibidos en Italia, pero el país comenzó ya a relajar las restricciones y espera seguir con esta desescalada en las próximas semanas.

Las autoridades italianas sumaron hasta el viernes más de 223.880 positivos y 31.610 fallecidos en el balance de víctimas del coronavirus. (I)

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