En Gaza ya no se puede pescar por el bloqueo israelí

- 07 de abril de 2019 - 00:00
El pescador Mohammed Abu Riyala trabaja en el puerto de Gaza, donde el bloqueo israelí ha restringido la posibilidad de captura en uno de los otrora sectores más prósperos del territorio palestino.
Foto: EFE

La prosperidad de la ciudad palestina se basaba en la pesca, pero el bloqueo israelí limita los recursos.

Mohamed Riyaleh es pescador, pero hace 43 días que no come pescado. Cada amanecer desciende la cuesta hacia el Puerto de Gaza, revisa y arregla sus barcas desconchadas y, cuando puede costear el combustible, se echa al mar. Pero sin superar el límite que impone Israel en el Mediterráneo, donde apenas captura para sobrevivir.

No siempre fue así. Antes del bloqueo marítimo, navegaba sin veto. Cuando los Riyaleh eran una familia acomodada, como eran los pescadores en Gaza. Hoy, son los pobres. La prosperidad de Gaza es solo un recuerdo. Si no revierte su situación, el próximo año será inhabitable, advierte la ONU.

El pesquero es uno de los sectores más castigados por un bloqueo israelí que limita los recursos a 12 millas náuticas y aprisiona a su gente desde hace más de una década. También es un reflejo de la decadencia de dos millones de habitantes atrapados en 367 kilómetros cuadrados, donde las nuevas generaciones viven peor que sus padres y abuelos.

Halima, la madre de Mohamed, lo corrobora. Cuando eran “felices” se levantaba temprano y bajaba con sus hijos al puerto, donde limpiaba el pescado que capturaba su marido para venderlo en el mercado, rememora desde la modesta casa familiar que ocupa en un edificio de cemento visto en el campo de refugiados Shaati (Playa).

En su interior, parte de los 54 miembros de la familia, la mayoría menores descalzos, remienda redes y manipula aparejos; todos ayudan para que los 15 pescadores con licencia puedan salir a faenar, aunque vuelvan con los cestos vacíos.

Los padres de Halima eran trabajadores del campo. Cultivaban sus tierras en Hamama, una villa árabe a 20 kilómetros de Gaza y uno de los 500 pueblos que quedaron completa o parcialmente destruidos por la guerra que originó la proclamación del Estado de Israel en 1948 y la oposición de los países árabes.

Los Riyaleh fueron una de las miles de familias que se refugiaron junto a la costa y retomaron su vida con ayuda de la Unrwa, la agencia de Naciones Unidas para los refugiados palestinos en Oriente Medio, que se creó para auxiliar a las 700.000 personas que perdieron sus hogares.

“En el año 2000, el número de beneficiarios que recibían cupones de alimentos era de 80.000. Ahora llega al millón de personas”, cuenta el portavoz de la Unrwa en Gaza, Adnan Abu Hasna. Es el dato del deterioro. Hasta el 90% de los palestinos de la Franja depende de algún tipo de asistencia humanitaria, como sanitaria o educativa.

Como gazatí, Abu Hasna también tiene vivencias de un pasado mejor, como el haber encontrado trabajo en la Franja al día siguiente de licenciarse en Ingeniería en Egipto. Hoy sus hijas emigraron a España y Bélgica.

Los refugiados y sus descendientes representan un millón y medio del total de la población de Gaza, familias que comenzaron de cero hace 70 años y hoy “viven por debajo de él”, lamenta Mahdi, uno de los hermanos de Mohamed.

Israel no solo impone el bloqueo en el mar, sino que restringe la entrada de materiales de pesca, repuestos, motores y fibra de vidrio, “lo suficiente para decir que desde 2012 no se fabrica ningún barco nuevo”.

Controla también la frontera terrestre y limita la importación de artículos, como el cemento, o prohíbe los denominados de doble uso, como fertilizantes con concentración de cloruro de potasio superior a 5%, que Israel considera podrían ser utilizados para “fines terroristas”.

Gaza tampoco controla su cielo, que frecuentan drones y cazas israelíes. El único aeropuerto de la franja operó apenas dos años entre 1998 y 2000 y hoy no pueden hacer uso del espacio aéreo. (I) 

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