Amazonía, el pulmón verde que preocupa a los activistas

- 06 de septiembre de 2019 - 00:00

Tiene 7 millones de kilómetros, el 60% lo posee Brasil. Los pueblos indígenas han tomado la defensa de las áreas protegidas pese a las amenazas de los invasores.

Robert Wallace, Biólogo de la WCS

Las áreas protegidas y las comunidades indígenas en la Amazonía boliviana tienen un rol fundamental para la preservación de la vasta biodiversidad en fauna y flora que alberga el “pulmón del mundo”, ahora amenazado por el fuego.

En una entrevista con el biólogo inglés Robert Wallace, de la Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre (WCS, por sus siglas en inglés), resaltó la importancia de los espacios protegidos en Bolivia para preservar el valor incalculable de la biodiversidad del país.

El experto señaló que el 28% de la Amazonía boliviana “está resguardado dentro de las áreas protegidas”, imprescindibles para mantener temperaturas favorables por la crisis climática y para la conservación de miles de especies que habitan.

“Tiene una importancia relevante para la regulación del clima, el desafío ahora es asegurar que en el futuro estos mecanismos se mantengan, ya que son fundamentales para regular el clima”.

Wallace mencionó algunas de las áreas protegidas más importantes en la Amazonía boliviana, como el Parque Nacional Madidi, en el norte de La Paz, considerado el espacio protegido con la mayor biodiversidad del mundo.

Según los resultados de una expedición que realizó la WCS dos años y medio, el Madidi alberga alrededor de 8.880 especies, de las cuales 124 son candidatas nuevas para la ciencia.

Destacó el parque nacional Noel Kempff, en el departamento oriental de Santa Cruz, reconocido como Patrimonio Natural de la Humanidad y que es amenazado por los incendios que comenzaron hace más de un mes en la Chiquitania boliviana.

El biólogo hizo hincapié en lo importante que es a nivel mundial el humedal de los llanos de Moxos, en el departamento de Beni, considerado como el más grande de la Amazonía.

La Gobernación de Santa Cruz informó el miércoles que el 41% de la afectación por los incendios en Bolivia está en áreas protegidas y reiteró su pedido de declarar desastre nacional.

Todas estas áreas protegidas ahora más que nunca deben ser preservadas, advirtió Wallace, ya que la Amazonía brasileña sufre incendios forestales desde el pasado agosto que preocupan hasta a presidentes y personalidades del mundo.

Los incendios en Bolivia   arrasaron más de un millón de hectáreas de bosques y pastizales, según datos de la Gobernación de Santa Cruz, en la Chiquitania, una zona de transición entre el Chaco y la Amazonía.

Los pueblos aborígenes son también de gran relevancia para continuar siendo los guardianes de los bosques, con territorios indígenas que suponen el 25% de la Amazonía en Bolivia, para conservar el “pulmón del mundo”, comentó el experto.

“Está comprobado que los pueblos indígenas se han comprometido con la conservación, el mantenimiento de los bosques y su visión de desarrollo que va hacia un uso sostenible de los recursos naturales”.

Wallace manifestó su preocupación por los incendios en Bolivia y Brasil, y recomendó analizar estrategias para que las áreas afectadas puedan mantener sus fuentes de agua y la vida silvestre.

“Con los años habrá épocas secas más dramáticas, por lo cual aumentará el riesgo de fuego por eso es importante pensar cómo nos vamos a preparar para eso”.

Bolivia tiene el 7% del total de la Amazonía, el corazón verde del planeta que comparte con Brasil, Colombia, Ecuador, Perú, Venezuela, Guyana, Surinam y la Guayana Francesa.

La Amazonía cuenta con cerca de siete millones de kilómetros cuadrados, de los cuales Brasil posee el 60%.

El 15% de toda el agua dulce del mundo se encuentra en la Amazonía, que representa el 50% del total de los bosques tropicales del planeta; además se estima que alberga el 10% de las especies de flora y fauna en el mundo, según el experto. (I)

 Andrew E. Miller, director de Incidencia de Amazon Watch

“Están destruyendo la Amazonía para alimentarnos”, dijo Andrew E. Miller, director de Incidencia de la organización Amazon Watch, quien denunció que no solo Brasil y su presidente, Jair Bolsonaro, son culpables de la destrucción del pulmón del planeta, sino también el resto de la humanidad.

“Se mira a Brasil como ‘ellos son los únicos culpables’ y claro hay mucha culpabilidad por ese lado y Bolsonaro, entre ellos, pero también nosotros somos culpables, Europa es culpable y Estados Unidos”, advirtió con motivo del Día del Amazonas.

“Están destruyendo la Amazonía para alimentarnos a nosotros, nuestro apetito, para carne, por ejemplo, entre otras cosas”, citó el activista, quien observó que, “al fin y al cabo, somos los más culpables en cierta forma”.

A su juicio, esa responsabilidad alcanza a China o la India, así como a otros mercados emergentes.

Y al analizar la respuesta de las mayores economías del mundo aglutinadas en el G7, en cuyo reciente cónclave en Biarritz (Francia) se lanzó una voz de alerta por las extensiones de la Amazonía consumidas por las llamas, Miller la consideró mínima.

“Desde el G7 comprometieron algunos fondos, $ 20 millones, que no es nada para enfrentar este asunto; entonces, el ofrecimiento de apoyo fue mínimo”.

Miller estimó que hay “fuerzas globales” que se benefician de la situación en la Amazonía -golpeada además por la deforestación-, entre las que mencionó a agricultores, compañías locales y extranjeras, bancos, fondos de inversión, incluso tratados de libre comercio, a los que atribuyó “muchos niveles de culpabilidad”.

Sobre el gobierno de Bolsonaro, Miller, quien es portavoz en distintos sectores en Washington de lo que ocurre en la Amazonía y, en especial, a las comunidades indígenas, denunció la “falta de voluntad política”.

“Con la elección de Jair Bolsonaro hay muchas preocupaciones. Él ha entrado con un discurso muy fuerte antiindígena, pro, entrecomillas, desarrollo de la Amazonía”. Recordó que Brasil, “de hecho, es un país que sí tiene una historia de esfuerzo exitoso de proteger el ambiente, y disminuir la deforestación”.

“Pero lo que falta es la voluntad política. Cuando sí existe voluntad política se hace, pero la voluntad política de Jair Bolsonaro y sus ministros es destruir para abrir la Amazonía para diferentes actividades extractivas y económicas”.

Para él, “toda la voluntad del gobierno de Jair Bolsonaro es entrar, deforestar, abrir para que haya más soja, para que haya más ganado, para que haya más minería”. “Los incendios apenas son el último indicio de todo esto”.

Además alertó de que las comunidades indígenas asentadas en la Amazonía denuncian que son víctimas de presiones por parte de invasores de tierras, personas dedicadas a la minería y la tala ilegal, incluso de amenazas de muerte.

“Lo que estamos viendo en Brasil ahora es que el Estado no cumple con su función de protección, entonces los mismos pueblos indígenas arman  sus propias defensas, sus guardias forestales”.

Dijo que estos grupos de defensa indígena “se  enfrentan con los invasores”, lo que consideró “una receta para la violencia” en un país que describió como uno de los “más peligrosos del mundo para los defensores del medio ambiente”.

Miró igualmente a Bolivia, donde el fuego consumió parte de la Chiquitania, una zona de transición entre el Chaco y la Amazonía, lo que ha sido atribuido por algunos sectores a quemas, también conocidas como “chaqueos”.

“Son prácticas ancestrales, pero también prácticas animadas por los gobiernos: Bolsonaro en Brasil y (el presidente de Bolivia) Evo Morales también...”.

Para Miller, el escenario actual “es bastante grave”, pero confió como “única esperanza” en la conciencia y la movilización de los habitantes. (I)  

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