Por siglos han existido (y aún existen) posiciones radicales de que es necesario amenazar a los creyentes religiosos con el castigo eterno en el infierno para que no cometan delitos graves. Pero hoy apenas puede sostenerse, y si no veamos algunos datos.
En los 5 países donde se registra la mayor tasa de homicidios del mundo, la abrumadora mayoría de su población se declara cristiana: Honduras, Venezuela, Belice, El Salvador y Guatemala. Por otro lado, según una encuesta mundial, los 5 países menos creyentes del mundo en los que la mayoría de su población -más de la mitad- afirma ser atea son: Suecia, Vietnam, Dinamarca, Noruega y China.
Según estadísticas de Naciones Unidas, Suecia es el país más ateo del mundo y tiene una tasa de 1 asesinato por cada 100 mil habitantes. A diferencia de Honduras -país muy religioso- que tiene 90 por cada 100 mil. O sea que en Honduras, con miedo al diablo y todo, se mata 90 veces más que en Suecia.
Y no solo se trata de países ricos; en Vietnam, el segundo país mas ateo del mundo, se registran menos de 2 asesinatos cada 100 mil habitantes. Eso es 10 veces menos que en México y 25 veces menos que en Venezuela, cuyas poblaciones tienen ingresos económicos muy superiores.
Esto demuestra que la violencia no está ligada a la amenaza del castigo en el fuego eterno, sino que es consecuencia -en parte- de las condiciones económicas, pero sobre todo de la educación, las normas morales y legales del conjunto de la cultura de un pueblo.
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