Aunque se llegó a decir que lo era. Ese lugar escondido en los genitales femeninos que tiene más sensibilidad y, por ende, puede producir más placer, se dijo que era una acumulación de células nerviosas, pero luego se comprobó que no había tal cosa. Pero sí existe, y la clave para encontrarlo es entender que las mujeres llevamos por dentro un pene atrofiado. Suena grosero y muchas feministas podrán sentirse molestas, pero es cierto. Biológicamente los genitales masculinos y femeninos tienen el mismo sustrato. Todos los fetos son hembras al principio de la gestación y solo cuando han trascurrido unas cuantas semanas empieza la diferenciación.
Unas nos convertimos en mujeres, otros en hombres. El pene en el varón empieza a surgir, mientras que en la mujer esa estructura se atrofia y se convierte en el clítoris: el responsable del placer sexual. Este -al igual que el pene- se llena de sangre y se erecta con la excitación. Cuando eso ocurre hay una zona que conecta con la vagina: allí está el punto G. (I)
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