La soberanía alimentaria es el nuevo reto en la agricultura

25 de febrero de 2013 00:00

El Ecuador está localizado dentro de la zona tropical, pero sus rasgos geográficos se extienden a una variedad de climas y ecozonas que le convierten en un lugar privilegiado con un alto grado de biodiversidad e importantes ecosistemas con potencial productivo. Sin embargo, el paisaje natural ecuatoriano ha sufrido una serie de transformaciones a lo largo de su historia. La colonización cumplió un papel complejo y determinante en la configuración de los actuales patrones de crecimiento económico, hecho que se refleja en los cambios sobre el uso de la tierra con vocación agrícola.

Además, las crecientes presiones humanas sobre los ecosistemas productivos, han socavado la capacidad suministradora de recursos que provee la naturaleza para satisfacer las demandas de la población en términos de energía y alimentos. Un ecosistema puede suministrar y procesar una cantidad limitada de recursos y residuos naturales sin que se vea afectado, pero la sobreutilización de estos, no solo perjudica la capacidad productiva de los ecosistemas, sino también las funciones ambientales que ofrece.

Por ejemplo, las áreas de cobertura natural en el país constituyen el 52% del territorio ecuatoriano, de los cuales, un 23% forma parte del Sistema Nacional de Áreas Protegidas y Bosques Protectores (SNAP), pero el avance de la frontera agrícola hacia suelos con alta valoración ecosistémica y de fuertes pendientes o poco apropiados para la producción, ha generado una pérdida continua de superficies de cobertura natural.

Es así que la degradación de los recursos naturales constituye uno de los principales problemas ambientales y sociales en países que tienen una estrucutura agraria como Ecuador, pues han presentado casos de erosión, procesos de desertificación, pobreza, pérdida de fertilidad del suelo y de fuentes genéticas, deforestación, desaparición de especies vegetales, contaminación del agua dulce, entre otros.

En el país, a través de varios cuerpos legales, como la Ley Orgánica del Régimen de Soberanía Alimentaria, se pretende corregir esos problemas. El hecho de que se piense en este nuevo paradigma de desarrollo, marca una nueva relación entre el ser humano, la economía y la naturaleza. La soberanía alimentaria, como señala la ley que la ampara, permite “establecer en forma soberana las políticas públicas agroalimentarias para fomentar la producción suficiente y la adecuada conservación, intercambio, transformación, comercialización y consumo de alimentos sanos, nutritivos, preferentemente provenientes de la pequeña, la micro, pequeña y mediana producción campesina, de las organizaciones económicas populares y de la pesca artesanal”.

Como escribía Selth en 1853: “Esto es lo que sabemos. Todas las cosas están conectadas como la sangre que une a una familia Todo aquello que afecta a la Tierra afecta a los hijos de la Tierra. El hombre no teje el hilo de la vida, sino que es simplemente una hebra de ella. Todo lo que haga al tejido, se lo hará a sí mismo.” Entonces, el reto está en asumir y profundizar esta nueva relación de vida.

Contenido externo patrocinado