La presión humana sobre el entorno natural

28 de enero de 2013 00:00

Por Fausto Rivera Yánez

El uso de un recurso natural o de un ecosistema con vocación productiva puede ser consuntivo o no. El primer caso implica un agotamiento de algún recurso, como extraer petróleo de la Amazonía para la movilización vehicular en la ciudad, o talar un árbol para obtener madera.

Mientras que un uso no consuntivo no necesariamente significa un desgaste del patrimonio natural, como tomarle una fotografía al páramo Andino. Si consideramos el incremento sostenido de la población ecuatoriana durante los últimos cuarenta años y el agotamiento de las fuentes primarias de recursos energéticos y no renovables como resultado del crecimiento de dicha demanda, podemos señalar que estamos ante un escenario consuntivo, por lo cual, se debe pensar a la economía desde los principios de la sustentabilidad.

El concepto de desarrollo sustentable surge a raíz de la conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente, que tuvo lugar en Estocolmo en 1972. Pero la referencia básica sobre un tratamiento integral entre el entorno natural y las demandas de consumo humanas, se encuentra en el trabajo de la Comisión Mundial de Medio Ambiente de las Naciones Unidas (CMMAD), que desembocó en la conceptualización del Desarrollo Sostenible bajo el informe publicado en 1987 con el título “Nuestro Futuro Común”, más conocido como el Informe Brutland.

El mencionado informe define a la sustentabilidad de la siguiente manera: “satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias capacidades”. Sin embargo, también surge la discusión sobre el crecimiento y el desarrollo sostenible, conceptos que han sido utilizados como sinónimos la mayoría de veces, y que de acuerdo al economista ecológico Herman Daly, es necesario distinguirlos.

El crecimiento se refiere a la expansión en dimensiones físicas en la escala del sistema económico, mientras que el desarrollo se relaciona con el cambio cualitativo de un sistema económico (mejoramiento o degradación) sin que se dé un crecimiento físico dentro de un estado de equilibrio dinámico con su medio ambiente.

Daly agrega que el término “crecimiento sostenible” significa una imposibilidad eventual, mientras que el término “desarrollo sostenible” es lo contrario. En términos generales, la sustentabilidad puede ser definida como la preservación del stock de riqueza o el mantenimiento del capital de un país . El stock de capital comprende los capitales reproducibles (natural, humano y social). Este amplio concepto del capital es esencial para comprender el desarrollo sustentable.

En ese sentido, es fácil visualizar que el stock de capital puede estar aumentado, mientras que cualquiera de las formas del mismo disminuye. Mantener constante el stock de capital natural se lo puede entender desde cuatro puntos de vista. El primero, es considerar al stock como una cantidad física de recursos naturales y, en base a aquello, tomar las medidas necesarias para su variación; el segundo, mantener constante su valor monetario y, por lo tanto, hacer factible una reducción física del mismo si está acompañada por un aumento en el valor unitario; el tercero es conservar el valor unitario de los servicios provenientes de la utilización del recurso y, finalmente, mantener constante el valor del stock de capital, incluyendo tanto al capital natural como al manufacturad .

La idea de que las distintas formas de capital son sustitutas la una de la otra, se enmarca en la noción de sustentabilidad débil. Por otro lado, cuando las formas de capital no son sustitutas, sino complementarias, se requiere que el stock sea constante (o aumente). A este escenario se lo conoce como sustentabilidad fuerte.

Es necesario aclarar que no se puede tener sustentabilidad fuerte sin tener sustentabilidad débil, porque no hay sentido poner una restricción a una forma de capital, a menos que se tenga una sobre el total del stock, lo que implicaría asumir que solo una forma de capital genera bienestar, lo cual no es cierto. Dado que los recursos naturales, aunque sean renovables tienen su pico de agotabilidad, es necesario pensar desde el enfoque de la sustentabilidad fuerte, que ninguno de los componentes del capital puede declinar. Por esta razón, su contabilización, en especial del capital natural, no debería realizarse en términos monetarios sino físicos.

Los indicadores de sustentabilidad fuerte que más se utilizan son: la capacidad de carga y la huella ecológica. Rees y Wackernagel (1996) desarrollaron el cálculo de la huella ecológica partiendo de dos supuestos principales: 1) se puede contabilizar físicamente los recursos que consume una determinada población; 2) estos recursos pueden traducirse en áreas biológicamente productivas.

Del cálculo de la huella ecológica surgió el concepto de capacidad ecológica o de carga, que determina la tierra ecológicamente productiva “disponible” para cada persona. Es decir, la máxima población sustentable que dichas tierras pueden abastecer en un período determinado.

La huella ecológica representa el área de un territorio productivo o de un ecosistema acuático (entendida como superficie ecológicamente productiva) necesaria para producir los recursos utilizados y asimilar los residuos producidos por una población definida con un nivel de vida. Pensar a la economía desde estos parámetros, nos obliga a considerar que la naturaleza tiene límites físicos que no siempre cubrirán nuestras demandas.

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