En épocas anteriores, cuando los padres criaban a sus hijos imponían el orden con el látigo, pero ahora los chicos son rebeldes y hasta nos gritan. ¿Podemos los padres poner orden con el látigo o ahora nos pueden demandar por eso?
En principio esta es una pregunta, más que legal, de conducta social. Si bien es cierto en la época suya, de sus padres y sus abuelos existía el látigo o, como le llamaban las madres, el “San Martín”, las cosas han cambiado. Y no solo porque la ley protege más a los niños, sino porque los padres han tenido que adaptar su conducta al evolucionar de la sociedad. El látigo está quedando en el pasado para ser reemplazado, de a poco, por el diálogo.
Y digo dejando porque en muchos lugares aún se lo vende y muchos todavía lo compran para castigar con él a sus hijos para ponerlos “en vereda”. Nada peor que eso, porque, al contrario de antes -cuando eso servía para “bajarles los aires de alzados” y los niños (y jóvenes) volvían al orden-, ahora con los latigazos se incentiva más la rebeldía. Cosas de la sociedad y su evolución.
Ya en la parte legal, tenga en cuenta también que, según el Código de Menores, en el Título III, Capítulo I “De las relaciones paterno filiales”, en el artículo 43 se resume que “los padres y los hijos se deben respeto recíproco”.
De allí en más, la ley establece muchas medidas de protección a los niños. Así que piénselo bien antes de usar el látigo.
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