Un promedio de 2 mil incendios cada año se dan en Guayaquil

07 de enero de 2012 00:00

Jueves 5 de enero. Eran las 14:30 y la alerta de incendio ya había sido activada en el interior de la  empacadora Industrial Pesquera Santa Priscila S.A., ubicada en el kilómetro 4 1/2 de la avenida Juan Tanca Marengo, al norte de Guayaquil.

A medida que pasaban los minutos, miembros del Cuerpo de Bomberos de Guayaquil se hacían  presentes  en el lugar para combatir el   fuego que   consumía rápidamente los cartones almacenados en una de las bodegas del edificio.

“Vamos, necesito  personal que se movilice hacia la parte superior y otro grupo por el frente... Atentos, atentos (decía por radio)...  que avance  otra Internacional (vehículo  con el que se   abastecen de agua)  para que reemplace a la que quedó vacía”, ordenó uno de los bomberos encargados de dirigir las acciones.

Todas las miradas estaban a la expectativa de lo que ocurría en   esa área, que   repentinamente fue invadida por una espesa  cortina de humo.

Esas condiciones ocasionaron que más de uno de los voluntarios registren  problemas de asfixia. Más de una hora tuvo que pasar para  controlar la intensidad de las  llamas, que al final solo dejaron daños materiales.

Operaciones similares se   ejecutaron en las     14.901 alertas de incendios que,   en los últimos siete años   (2005- 2011) causaron  conmoción en la ciudad. Así lo detalla  un reporte del  Benemérito Cuerpo de Bomberos de Guayaquil (BCBG), el cual  revela además que el número de siniestros  es cada vez más alto y que incluso la cifra de muertes a consecuencia de estas tragedias va en aumento.

Solo en 2011 se reportaron 2.808 incendios (declarados, alerta 2,  conatos, etc.); mientras que  en el 2010 la cifra llegó a 2.572.

El incremento de casos se evidencia al comparar esas cantidades con los 1.247 siniestros   registrados en 2005 (ver gráfico).

En  2011, el  mayor número de incendios se reportó en diciembre con 365 casos.
Uno de ellos ocurrió el viernes pasado en un local de    venta y reparación de celulares, ubicado en el sector de  la Bahía, centro   de la ciudad, a consecuencia, presuntamente, de un cortocircuito.

El BCBG reportó en el año pasado 221  alarmas por similares circunstancias. Algo parecido  se reportó en una vivienda de  la tercera etapa de Los Vergeles (norte).

El siniestro inició a las 07:00  cuando uno de los dos domicilios afectados por las llamas comenzó a consumirse. “Las llamas se extendieron rápidamente y en cuestión de minutos todo se consumió”, contó María Morales, moradora del sector, quien relató  que al parecer el siniestro tuvo su origen en el cableado que daba con la pared de la vivienda de caña.   

El percance terminó, en esta ocasión,   con la pérdida mortal de un niño de cuatro años que no pudo salir de la casa   a tiempo.

Aumentan casos de fallecidos

Con la muerte del infante, sumaron 10 los casos de personas fallecidas en incendios en 2011.
Esta  situación generó   un incremento al compararse con  lo ocurrido en 2005: la cifra fue de cero. En el período posterior a ese (2006) la cantidad llegó a dos y el siguiente (2007) a tres.

El ingeniero  Gustavo Mazzini, especialista de la Eléctrica de Guayaquil, explicó que  los incendios vinculados con descargas eléctricas se originan  por varios factores, pero el principal tiene que ver con las conexiones clandestinas.  

“Al estar expuestos los cables,  sin las seguridades requeridas, se corre el riesgo de -que a consecuencia de las variaciones de voltaje- se produzca un recalentamiento”, detalló.  

El especialista argumentó que la instalación de  medidores es fundamental para evitar esta situación, ya que con ese equipo se logra  fijar un correcto cableado que permite soportar las variaciones.

Otra de las causas está relacionada con la falta de mantenimiento de las redes eléctricas de las casas que sí cuentan con medidores.

“La tendencia de casi toda familia es crecer, primero se inicia con un pequeño televisor, una   radio, etc. Pero con el tiempo se adquieren artefactos como la nevera o el acondicionador de aire, que por la fuerza que tienen, los conductores eléctricos quedan reducidos”, acotó el ingeniero.

Mazzini recomendó que lo oportuno es hacer un rediseño eléctrico de las instalaciones o mantenimiento preventivo para cambiar esos cables o tomacorrientes obsoletos.

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