Reos deberán proveer lista con 10 nombres de quienes podrán visitarlos

06 de mayo de 2013 00:00

En las afueras de la Penitenciaría del Litoral se arma un mercadillo los fines de semana. Centenares de personas pugnan por ingresar al recinto carcelario para visitar a sus allegados, mientras que los vendedores ambulantes aprovechan la situación para beneficiarse.

“Tengo que hacer horas y horas de cola para poder ver a mi esposo. Él paga una pena de 3 años por tenencia ilegal de armas y asociación ilícita, y saldrá libre en octubre”, cuenta Sandra Yagual, quien sábado a sábado  visita a su cónyuge en la cárcel.

Como ella, el no dejar solo a su familiar o amigo que paga una pena en la cárcel es la consigna de centenas de personas que religiosamente acuden a la penitenciaría.

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Para Eduardo Tigua, psicólogo y psiquiatra clínico, el que una persona privada de libertad (PPL) reciba visitas ayuda notablemente para que tenga un correcto accionar dentro de la prisión.

“Puede ser uno de los delincuentes más peligrosos, líder de una gran banda, parecer fuerte o inquebrantable, pero el no recibir visitas hace que ese tipo de personas decaiga en lo anímico y muchas veces se quebrante”, destaca Tigua.

Para el terapeuta, los familiares y allegados juegan un papel importante en el estado emocional de los reclusos, ya que el sentirse queridos mejora sus expectativas sobre la vida. “El que un preso reciba visitas es totalmente favorable, pero claro, una sola vez a la semana, para que no haya inconvenientes. Es conocido que las visitas, en varias ocasiones, son las que ingresan artículos indebidos a las cárceles, tales como drogas o armas”, indica.

Tigua, quien no es partidario que los reclusos reciban a menores de edad en prisión, ya que así se les     crea  una falsa expectativa de vida, afirma que si un reo no es visitado por sus familiares llegaría a tal punto de  deprimirse, que incluso buscaría desfogar su frustración a través del suicidio.

Ante eso, el Estado debe garantizar que las PPL preserven, fortalezcan o restablezcan sus relaciones sociales y familiares a través del continuo contacto con sus visitas.

El nuevo modelo de gestión penitenciaria ha buscado, precisamente que se termine el desorden en el momento  que los reos reciben visitas. En la nueva cárcel de Guayaquil, que empezará a funcionar el próximo mes, habrá una amplia sala de espera, para que las visitas permanezcan en un ambiente agradable mientras toca su turno de ver a sus familiares o amigos  recluidos.

“Las personas deben esperar en un ambiente adecuado, con aire acondicionado y con televisores, deben tener comodidad, ya que  no son los presos… las visitas deben ser bien atendidas”, manifestó semanas atrás Rafael Correa, presidente de la República, al observar las instalaciones de la nueva cárcel.

El plan estratégico de visitas controlará estrictamente a las personas que ingresen a la cárcel.

Como una de las novedosas medidas que implementará el Ministerio de Justicia, consta el que se proporcionará una lista de 10 personas que podrán visitar a las PPL (la lista será entregada por los propios reos), quienes se turnarán para ver al preso durante el horario de visitas. Si una persona no consta en la lista autorizada de visitas  presentará una solicitud escrita con cinco días hábiles de anticipación.

La solicitud será analizada por el equipo de Tratamiento y Educación que aprobará o no la autorización, previa consulta a la PPL. El equipo de Tratamiento y Educación se pronunciará de manera inmediata.

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