En estos establecimientos hay atención permante en salud

Los menores infractores aprenden oficios

- 19 de octubre de 2015 - 00:00
Once CAI funcionan en el país, donde los internos aprenden ebanistería, entre otros oficios. Karla Naranjo / El Telégrafo

En estos establecimientos hay atención permante en salud

‘Lucho’, de 17 años, fue detenido por estar involucrado en un robo. El menor de edad permanece en el Centro de Adolescentes Infractores (CAI) de Guayaquil, ubicado en las calles Gómez Rendón y Calicuchima. En la llamada ‘edad del burro’ andaba por las calles con personas que le daban malos ejemplos.

Ahora ha encontrado una actividad que le gusta y que está lejos de cualquier hecho delictivo: la panadería. El joven elabora panes de dulce, de sal, las conocidas ‘guaguas’ y bocaditos, como orejitas, suspiros. “Es una oportunidad que no puedo desaprovechar. Con esto puedo ponerme un negocio afuera para conseguir dinero”, expresa. El adolescente no solo va a estos talleres, sino que también estudia como los demás internos.

De acuerdo con cifras del Ministerio de Justicia, en Ecuador funcionan 11 CAI, en los cuales, hasta septiembre de este año, había 553 muchachos. De ellos 529 son varones y 24, mujeres.

Karla Benítez, viceministra de atención a personas privadas de la libertad de la mencionada cartera de Estado, explicó que los menores de edad tienen una normativa diferente (Código de la Niñez y Adolescente) y no se habla de penas, sino de medidas socioeducativas.

“En enero de este año mediante acuerdo ministerial se aprobó el modelo de atención psico-socio-pedagógica para ser implementado en los CAI, que consta de 5 ejes primordiales: salud, educación, formación ocupacional, autonomía y autoestima y los vínculos familiares. Lo que se busca es evitar que vuelvan a cometer delitos”.

Benítez recalcó que los chicos estudian en diferentes niveles: alfabetización, educación básica y educación superior. “Además hay talleres de formación como carpintería, ebanistería, panadería, entre otros”, especificó.

Las estadísticas de la cartera de Justicia indican que 409 menores cursaron la educación básica, 131 el bachillerato, 11 no han tenido ninguna instrucción, uno empezó la educación superior y otro tuvo un ciclo postbachillerato.

Manuel López, instructor de panadería y pastelería, dijo que las clases se dan en grupos que están distribuidos en la mañana y en la tarde. “El curso dura 2 meses. Hacemos el pan para el desayuno y la merienda. Lo entregamos a la empresa proveedora de alimentos y esta nos devuelve el trabajo con los materiales”.

Marjorie Sánchez, instructora de sastrería, manifestó que a los adolescentes no solo les enseña a confeccionar vestimentas, sino también un poco de cultura e historia y a hacer detalles con pintura. “Aprendemos a hacer moldes y no por medidas S, M, L o XL, sino de acuerdo al cuerpo de las personas. Ellos pueden elaborar camisas, camisetas, abrigos, etc. Les enseño que con la base de un solo molde se puede modificar el estilo”, sostuvo.

Agregó que los chicos que tienen sentencia de más de 4 años podrán aprender diseños más avanzados, como trajes formales, chaquetas, pantalones, pantalonetas, entre otros. Incluso tienen un proyecto para donar 4.000 sábanas a un hospital y los instruyen en costura plana y recta.

“No todos los muchachos piensan igual y no todos tienen el mismo carácter. Cuando entran les doy la bienvenida, luego realizamos dinámicas grupales y les digo: estoy acá para transmitirle lo que sé y para que aprendan lo que no les dio la calle. De lo que no te agrada vamos a sacar el lado positivo”, indicó Sánchez.

Los adolescentes también reciben atención médica en un centro que funciona dentro del mismo establecimiento. “Hay un equipo de médicos, psicólogo, auxiliar de enfermería y odontólogo. Todos los menores son evaluados”, dijo la especialista Georgina Cruz. (I)

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