Familiares encarcelados por la desesperación

11 de febrero de 2013 - 00:00

“Maradona” (seudónimo) se muestra desesperado. Está ansioso, la preocupación no lo deja  tranquilo. Minutos antes había recibido una llamada que le indicaba que en la Penitenciaría del Litoral (Guayaquil) se había registrado un incidente, en el que habían dos   fallecidos (la información fue desmentida horas después).  Inmediatamente piensa en su hijo, uno de los reclusos.

A su mente vienen imágenes de cuando era presidiario... Sí, “Maradona” es un ex convicto que tiene menos de dos años en libertad y que estuvo recluido desde 2000 hasta 2011, por robo a mano armada a un bus interprovincial en el que murió el conductor del automotor.

Recuerda las revueltas, cuando en una lluvia de golpes los presos buscaban, muchas veces, desahogar sus frustraciones por estar encerrados, y en otras ocasiones, el poder. La ley del más fuerte es la que prima, asegura el hombre.

No solo hay inquietud en “Maradona”, sino también en decenas de personas a las afueras de la “Peni”. Los presentes, en su mayoría, no se conocen entre sí, pero   intercambian informaciones.

“Dicen que hay dos muertos... Que todo pasó en el pabellón C Alto, pero estos policías no dicen nada, para ellos todo está bien. Claro, como no es el hermano de ellos el que está adentro...”, indica una mujer, de 29 años, quien esperaba saber algo acerca de su esposo que ingresó, en 2009, a la cárcel por intento de asesinato.

“Maradona” vuelve a la escena. “Mi muchacho tiene que estar bien, él sabe cómo cuidarse”, dice.

El hombre de 50 años hace un mea culpa y lanza: “yo le di un mal ejemplo, pero lo peor es que mi hijo no está preso por algún delito que haya cometido, sino por un accidente de tránsito que provocó y en el que hubo un muerto. Él no siguió mis pasos, pero igual está preso”.

Las versiones acerca del incidente dentro de la prisión eran varias.

“No ha habido muertos, parece que solo hay heridos. El pito fue porque los de la cocina se quisieron meter en el pabellón B Alto”, comenta un hombre afroecuatoriano, cuyo hijo también está preso.

El individuo, de 47 años, al igual que “Maradona”, también es un ex convicto. “Yo pagué 8 años en Manta. No tengo por qué mentir, yo sí era malo, yo estaba en la banda de la ‘Rana’ (Gustavo Párraga, un delincuente fallecido que generó terror en Manta a inicios de la década del 90), pero ya pagué mi deuda hace más de 15 años y ahora soy un hombre trabajador, soy mecánico automotriz”, aclara el sujeto, quien dice ser esmeraldeño de nacimiento.

Ahora el preso es su hijo. “Es mi segundo muchacho, me salió chueco. Está adentro por tenencia ilegal de armas y otras cosas, pero gracias a Dios saldrá   libre en marzo. Por fin   estará libre luego de seis años”.

El supuesto ex compañero de fechorías de la “Rana”, ajusticiado en Manta en 1994 (se resistió a la acción policial con granadas y demás armamento), recuerda esos meses antes de salir de la prisión en Manabí.

“Después de estar preso por años, los últimos tiempos en cana (detenido) eran diferentes.
Al principio estaba loco, quería matar a todo el mundo, pero al final aprendí a vivir y salí con ganas de cambiar de vida, al final así lo hice gracias a Dios... Ojalá así le pase a mi hijo y quiera ser un hombre de Dios, ahora que sale en un mes”.

El ambiente vuelve a la normalidad poco a poco, los familiares de los convictos se muestran aliviados al saber que no hay muertos.

La tónica es la misma de siempre. Los allegados de los internos también tienen su cárcel, esa cárcel de angustia y desesperación... son presos de la inquietud.

El Centro de Rehabilitación Social de Varones N° 1 de Guayaquil, conocido como la Penitenciaría del Litoral, fue inaugurado en el año 1958.

Tiene capacidad para 1.500 presos, pero actualmente hay aproximadamente 5.000   recluidos.

Según informes, en alguna ocasión hubo 6.900 personas detenidas al mismo tiempo en la Penitenciaría.

Está ubicado en el kilómetro 17 en la vía a Daule, en el noroeste de Guayaquil.

Su actual director es Héctor Reina, quien asumió el cargo en septiembre de 2011. El funcionario tiene también la ciudadanía estadounidense, ex policía de ese país y ex combatiente en la guerra del Golfo Pérsico.

 

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