La muerte de los sobrevivientes complica la labor de los arqueólogos

Chipre aún busca a sus 2.000 desaparecidos

- 09 de septiembre de 2016 - 00:00
Expertos griegos y turcos limpian restos hallados en la zona controlada por los segundos. Son arqueólogos que cuentan con el apoyo de la ONU.
Foto: AFP

La guerra entre turcos y griegos por el control de la isla ocurrió hace 40 años y desde ese entonces se desconoce el paradero de estas personas. Los expertos forenses ahora desentierran osamentas.

Cuando las tropas turcas se acercaron a su aldea el 14 de agosto de 1974, Georgios Kantoni escondió a su familia entre los trigales. No se supo más de él durante 40 años, como sucedió con cientos de personas en Chipre.

Antonis Christofi, su nieto, tenía 14 años. “Teníamos miedo porque nos habían dicho que los turcos mataban a los aldeanos”.  

Su abuelo se negó a irse de casa. Días más tarde lo asesinaron y arrojaron el cuerpo a un lago, a unos kilómetros del pueblo. Su mujer corrió la misma suerte. Los restos mortales no se encontraron hasta 2014.

Al igual que este matrimonio, unas 2.000 personas fueron dadas por desaparecidas en los enfrentamientos entre 1963 y 1974, año en el que Turquía invadió la parte norte de la isla en reacción a un golpe de Estado que pretendía unir Chipre a Grecia.

Cuatro décadas después, los expertos chipriotas turcos y griegos del Comité de Personas Desaparecidas (CMP) siguen, con el apoyo de la ONU, buscando a las víctimas de las matanzas. Desde 2008 identificaron los restos de unas 680.

“Cada persona desaparecida es un símbolo de lo que hicimos al prójimo”, resume Gulden Plumer Kucuk, miembro turcochipriota del CMP. “Nuestro trabajo necesita voluntad política para seguir”, precisa.

Los dirigentes de las dos partes reanudaron en 2015 las negociaciones para reunificar la isla.  

Cuando Christofi se enteró del hallazgo de los restos de sus abuelos sufrió una conmoción tremenda. “Ahora por lo menos tenemos un sitio” donde rezar por él, afirma mientras muestra una fotografía del esqueleto de su abuelo. “Pero sigue habiendo una pregunta: ¿por qué estos ancianos murieron así? No habían hecho daño a nadie”.

Yildan Guladeneiz ora ante la tumba de su hermano. Sus restos  fueron hallados por los expertos. Foto: AFP

Un trabajo meticuloso

Al abrigo del sol, la arqueóloga María Solomou participa en la búsqueda de siete muertos que habrían sido enterrados a 20 km de la capital, Nicosia, en la parte norte bajo ocupación turca. “Cuando se buscan huesos, hay que trabajar lentamente”, explica la experta, quien encontró los restos de más de 70 personas para el CMP.

A medida que transcurren los años, la tarea se complica para los especialistas porque cada vez hay menos testigos. El año pasado, los investigadores encontraron una treintena de cuerpos siguiendo las indicaciones de una pastora de 94 años.

“Lo que más necesitamos, la información, es cada vez más difícil de conseguir”, explica Florian Von Koenig, representante de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para el CMP.

En 2015 se vislumbró un atisbo de esperanza cuando el ejército turco autorizó a los equipos del CMP el acceso a zonas militares, que probablemente albergan decenas de tumbas.

Dolor y alivio

En un hangar cerca del aeropuerto abandonado de Nicosia, 90 cajas de cartón se amontonan en estantes metálicos. Contienen los restos de decenas de personas muertas a manos de los grecochipriotas en 1974 y arrojadas a una fosa común cerca del puerto de Famagouste, en la costa este.

Según el antropólogo forense Photis Andronicou, cientos de cuerpos tienen que ser identificados con la ayuda de pruebas ADN o del examen de los efectos personales hallados en las víctimas. Este método permite alcanzar un nivel de certeza de 99,95%.

Para los familiares de las víctimas, cada identificación es a la vez un alivio después de décadas de incertidumbre y dolor porque las últimas esperanzas de encontrarlas vivas se esfuman.

Dina Papachristou, una refugiada grecochipriota de 69 años, no ha visto a su hija, a su yerno y a su nieto de 7 años desde su desaparición en 1974. Pero aún los espera.
“Solo quiero encontrarlos”, confiesa mientras enseña las fotografías en blanco y negro del niño. “Si esto termina con una mala noticia, estoy preparada para ello”.

Situación actual

La isla mediterránea aún sigue dividida entre la parte griega y la turca, dos etnias que han rivalizado por el control del territorio. Solo la primera es miembro de la Unión Europea. La comunidad internacional llama a esta partición ‘el problema de Chipre’.

La línea verde o zona desmilitarizada parte en dos al país, incluida su capital, Nicosia. Es un muro que data de la Guerra Fría que perdura hasta la actualidad.    

El respeto a esta valla está en manos de los cascos azules de las Naciones Unidas. En 2007 parte de la línea verde fue derribada en señal de buena voluntad, pero la división aún persiste. (I)

La primera parte del trabajo consiste en remover la tierra con tractores en busca de fosas comunes. Foto: AFP

HISTORIA

Desde 1573 Chipre estaba bajo la jurisdicción del Imperio Otomano (el precursor de la actual Turquía). Pero en 1878 es transferida a los británicos.

Luego de la Segunda Guerra Mundial surgió el deseo de autodeterminación por parte de los chipriotas, quienes pugnaron por su independencia, lo que ocurrió finalmente en 1960.

Al mismo tiempo se evidenció una separación de etnias entre los turcochipriotas y grecochipriotas. En 1963 ocurren los primeros enfrentamientos en la capital, Nicosia, que quedó dividida.

Como consecuencia de estos, los turcos se ubicaron en el norte de la isla y sus rivales en el sur.
Reino Unido, Grecia y Turquía, entonces, envían una fuerza para restaurar el orden. Como resultado, en diciembre de ese año se estableció una línea verde que partió a la isla.

En 1974 se fortaleció el control en la zona desmilitarizada para evitar enfrentamientos. Ese año el ejército turco ocupó el 38% de la isla, lo que fue denunciado por las potencias occidentales.

En 1983, la parte turcochipriota se autoproclamó independiente como República Turca del Norte de Chipre, país únicamente reconocido por Turquía.

En 2007, el gobierno grecochipriota  derribó parte de la línea verde en “una señal de buena voluntad”, según el portavoz gubernamental Christodoulos Pashardes. El gesto fue bien recibido por el líder turcochipriota Mehmet Ali Talat.

Sin embargo, el conflicto sigue activo. El gobierno turcochipriota también realizó gestos de acercamiento al destruir un puente peatonal que, según la otra parte, violaba la línea verde.

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