La fotografía de la realidad no cuadra con cierto “fatalismo”

26 de septiembre de 2011 - 00:00

Al concluir el tercer trimestre del año hay dos certezas en el Ecuador. Una: la economía se mantiene estable, en crecimiento y sin sobresaltos. Dos: la estabilidad política genera las condiciones básicas para un fortalecimiento y profundización de la democracia ecuatoriana.

Y podría añadirse a eso una sospecha: ¿por qué no coinciden los diagnósticos de cierta oposición y analistas con lo que la foto de la realidad muestra en indicadores, estadísticas, encuestas, testimonios y resultados objetivos?
Las dos certezas explican las encuestas que se exponen en el gráfico adjunto, pues no solo se trata de evaluar la gestión del Gobierno y del Presidente de la República, sino que su credibilidad y aprobación revelan la sintonía de la gente con lo que vive a diario, más allá de los cortocircuitos mediáticos que impone la oposición y determinada prensa alrededor de supuestos conflictos “catastróficos”.

Y la sospecha revela que hay una paradoja democrática que no se discute ni se analiza: a más debate político y tensión ideológica, el ciudadano le apuesta con mayor firmeza a la propuesta del actual Gobierno, que puede ser todavía discutible y compleja para quienes analizan esta etapa desde los moldes y matrices de otro modelo político.

26-9-11-puntuacion-correaSospecho que la intensidad de ese debate político e ideológico (no siempre explícito en la voz de todos los actores de la disputa) ha provocado una mayor politización de la ciudadanía, donde ha ganado espacio la diversidad de voces, fuentes de información y posturas por encima del esquema en el que quiere colocarse a quienes defienden una u otra posición.

Si se hiciera una correcta lectura de la realidad, no solo con base en las encuestas, sino desde lo que la ciudadanía experimenta en el día a día, la misma oposición y determinada prensa tendrían la obligación de revisar sus actuaciones para aportar democráticamente mejores soluciones a los problemas pendientes y latentes del Ecuador.

En otras palabras: la construcción democrática exige el concurso de todos los actores políticos, sociales y económicos, para constribuir colectivamente al cambio y transformación por los que se ha pronunciado el pueblo en nueve elecciones.

Se avecina el primer aniversario del fatídico 30-S, del luctuoso acontecimiento donde fallecieron ecuatorianos responsables de su oficio y convicción. Al acercarse esa conmemoración, paralelamente, la credibilidad del presidente Rafael Correa está igual que hace un año: subió mucho después del 30-S (a un 68%), tuvo su pico más alto en enero de este año (con casi 74%) y este mes se coloca en el 54,6%.

¿Qué indican estos datos? ¿Acaso debería estar su credibilidad por los suelos tras todo el “escándalo” del juicio al diario El Universo? ¿Podría un observador ajeno imaginar que con tanta prensa en contra, titulares fatídicos y hasta confrontaciones intensas el Mandatario sostenga una credibilidad estable y una gestión reconocida? Posiblemente no, si se atiene al registro de los diarios.

Dadas las necesidades de un análisis responsable de la realidad, es imperioso convertir la disputa y el conflicto en la fuente de la propuesta y revisión de lo que se hace para avanzar, y no para devolvernos a los escenarios donde solo ganan los verdaderos populistas, clientelistas y metafísicos de la política nacional y quienes los acolitan.

Las cifras ayudan a comprender un momento concreto

La encuestadora Perfiles de Opinión hace un seguimiento mensual sobre diversos temas. La encuesta que publicamos ahora se hizo con una muestra de 643 entrevistas, en Quito y Guayaquil, a personas mayores de 18 años, entre el 7 y 8 de septiembre.

El margen de error es de más/menos 3,9 y el intervalo de confianza es del 95%. En otras encuestas, los datos apuntan en la misma dirección con variaciones no muy lejanas de esta.

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