El Telégrafo
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José Orús fustiga a quienes están jugando con la historia

10 de septiembre de 2011 00:00

Los medios privados de comunicación,  al convertirse en actores políticos han perdido credibilidad ante la opinión pública y sus ingresos publicitarios se han reducido entre un  40 y 50 por ciento durante  los últimos 4 años. E

sta es la tesis  sustentada por José Orús, asesor de Editogran, empresa editora de  los diarios públicos El Telégrafo y PP El Verdadero, durante la entrevista concedida al programa Primera Hora de CN3-Plus.

¿El 1 de septiembre hubo una publicación en el diario El Comercio en la que presentaba una reseña de la historia de los medios de comunicación y se omitió a El Telégrafo?

No se puede tapar el sol con un dedo. El Telégrafo es parte de la historia del país. En febrero de 1884 se fundó el diario. Lamentablemente, cuando los medios de comunicación se convierten en actores políticos y por ende  toman el camino de la oposición, la audiencia y la lectoría se enfrentan a la aceptación del gobernante.

Esta confrontación deriva en una serie de aspectos calamitosos para la prensa. Usted recordará que frente a  las grandes causas nobles de Guayaquil y  el consiguiente llamado de los diarios y la televisión de aquella época, miles de personas salían  a las calles a protestar o a manifestarse políticamente, hoy en día no reúnen ni a cien o doscientas personas cuando hacen una convocatoria.

¿Debo concluir que es un rol equivocado el que tienen los medios de comunicación?

Definitivamente. Tan equivocados que los porcentajes de lectoría  -no lo digo yo, sino las propias encuestadoras- han bajado un 25, 30 y hasta 45 por ciento... Lo lamento, soy un hombre de empresa y tengo 32 años manejándome en este campo. Realmente no llego a comprender por qué se llega a estos extremos.

¿Eso se debe a este rol equivocado o a la necesidad de que los medios impresos se reinventen?   

Los medios del Estado tienen el 10 y 15 por ciento de la lectoría nacional de periódicos. Es una cantidad importante. Y  luego la televisión ha entrado a una confrontación comercial profesional que, definitivamente, le ha ido ganado espacio a los diarios. Además, la capacidad que tienen hoy en día los ciudadanos para  informarse es enorme.

El Estado ha tenido que ocupar medios públicos para poder difundir las realidades. No se puede soslayar el cambio que el gobierno ha conseguido en relación al Correo, la Aduana, el Registro Civil, entre otros. A mí me da vergüenza ver cómo un colega suyo de televisión, cuando no le conviene un  titular de diario El Telégrafo -porque seguramente  está en contra de sus intereses- no lo lee o lo cubre deliberadamente. Eso no es hacer periodismo. 

¿Estamos en medio de una guerra de medios entre públicos, incautados y privados..., y de por medio  están poniendo a los periodistas o quienes hacemos trabajo de opinión?

Usted  notará en el   Telégrafo..., no olvide que  escribe en la página de Opinión, que nunca ha sido llamado por  decir tal o cual cosa. Los diarios del Estado o diarios públicos han tenido que salir al paso para  denunciar la verdad... No es posible que  salgan con la necedad de que no existe  diario El Telégrafo, que tiene 127 años y es conocido como el Decano de la Prensa Nacional,  y que  PP El Verdadero, diario popular que salió hace un año, tampoco existe.

Creo que es  una burla al público, pero no nos afecta en absoluto y hasta me río con pena.      

Los medios privados  dicen que los medios públicos son propagandísticos y los públicos dicen que los privados son actores políticos. ¿Cómo salir de este enredo?

Si le pregunta a cualquier ciudadano sobre la realidad de las aduanas en el país o en los correos del Ecuador, y la cantidad de servicios que prestan con acierto, verá las repuestas.

Es posible que  el Gobierno cometa errores, y entiendo que así es, pero los medios públicos no estamos para tapar, sino para promover las cosas que están bien y permitir que  la gente  tenga acceso a los servicios y los conozca. Los medios llamados independientes, que para mi criterio sencillamente no lo son, lo que hacen es tapar estos logros para intentar desprestigiar  y, de alguna manera, en el momento que se convierten en actores políticos  instan a la confrontación.

Pero cuando las mediciones y las aceptaciones sobre el Gobierno les dan en el rostro, simplemente estos medios pasan vergüenza  y pierden credibilidad. Mire usted, aducen que se sienten afectados por la falta de  libertad de expresión, se ponen camisas largas, pitos, sombreros y  gorros y no se encuentra ni a 100 personas en una calle, cuando hace 10 ó 20 años reunían de 40 a 50 mil personas que de corazón iban a gritar por Guayaquil y por el Ecuador.

¿Usted ha dicho que nuestra labor es orientar a la ciudadanía sobre las cosas positivas que hace el Gobierno, pero también se expone las que a lo mejor no está haciendo bien el Gobierno?

Pero por supuesto. Y tanto así que nosotros lo hemos dicho. La historia no tiene prescripción. Pienso que los medios de comunicación deben servir a la comunicación, fundamentalmente, y cada vez que estos han emprendido en negocios privados  han sido desastrosos.

Mire usted unos contenedores que incautó la Aduana  y que eran de un medio de comunicación de la capital, simplemente no existían o no se publicaba porque era de un amigo. Alguien cometía una falta y se pedía que  no lo sacaran, y las consecuencias están evidenciada en la caída publicitaria que experimentan de entre un 30 y 40% desde el 2007.

¿Si el día de mañana hay un acto de corrupción al interior del Gobierno  diario El Telégrafo lo publicará? 

Tiene que publicarlo; no es que puede, tiene que hacerlo.  Hemos relatado los hechos estrictamente como son, si no saldrían a decirnos de todo.    

¿La migración de privado a público salvó al Decano de la Prensa nacional? 

Pienso que sí. El presidente Rafael Correa acertó al salvar El Telégrafo. Imagínese si  el Primer Mandatario hubiese dejado cerrar el diario por las pérdidas que tenía, no de esta administración sino de las anteriores que venían perdiendo desde hace  40 años, hubieran dicho que es un enemigo de Guayaquil, que ha cerrado un diario emblemático.

Hoy en día los señores de El Comercio dicen que no existe El Telégrafo; esto es una barbaridad y creen que la gente es tonta.

¿Cómo han medido la migración del 10 por ciento de los lectores?

Simplemente nosotros estamos haciendo encuestas y existen encuestadoras que lo hacen. Ellos saben que estoy diciendo la verdad, que hay un descenso de la publicidad y una desviación  hacia la televisión.

Es grave porque  en 2006 y 2007 tenían el 40% de la torta publicitaria. Hoy en día tienen el 21 por cierto de ese porcentaje y piensan que bajar entre  40 ó 50% en la pauta publicitaria no es estar en estado crítico... Eso es no saber leer los parámetros de la técnica. 

Los medios públicos son una necesidad, los hay en todo el mundo y aquí se los está satanizando porque les ha afectado en la parte económica.

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