Francisco Espinosa había denunciado a socio por amenazas

18 de abril de 2012 - 00:00

La investigación centrada en las llamadas entrantes y salientes de varios teléfonos celulares incautados a los detenidos, el movimiento bancario de uno de ellos y una serie de versiones  fue la clave para desentrañar el asesinato, mediante la modalidad de sicariato, del empresario Francisco Espinosa Álvarez, de 47 años. El hecho ocurrió a las 19:45 del 2 de septiembre del 2011 en el sector de Miravalle, en el km 4½   de la vía a Cumbayá, al nororiente de Quito.

Aquella noche,  dos hombres que iban en una moto le dispararon cinco tiros a Espinosa, quien conducía  un  vehículo color blanco marca Mitsubishi Montero. El empresario  era jefe financiero de una cadena de restaurantes de comida rápida y ex socio de una  comercializadora de relojes de lujo.

Como los asesinos no le despojaron de ningún objeto de valor,   la Policía descartó que el móvil del crimen haya sido el robo y se barajó la hipótesis de sicariato.

Las pesquisas de la Policía Nacional y de la Fiscalía permitieron determinar los diálogos telefónicos entre  el presunto autor intelectual del asesinato,  Patricio Renán Marchán Rivadeneira; el supuesto autor del disparo, Drayzon Arenas, y los implicados Cristina Arango Pareja,  alias “Tala”;  Ferney Correa, alias “Luna”; Felipe Ubate y César Flores,  líder de la red de sicarios, quien luego fue  asesinado   en la prisión.

Asimismo, fueron determinantes las versiones de la esposa de la víctima, Adriana Andrade, quien contó que con Francisco se pusieron el negocio de venta de relojes en locales e islas de  centros comerciales. El negocio iba bien, hasta que Espinosa se asoció en 2008 con Néstor Marchán Muñoz, padre de Patricio, quienes  empezaron a perjudicarlo.

Al pasar un año y al ver que los Marchán incumplían con el trato de la sociedad, Espinosa entabló  varios juicios, los que, según le contó a Adriana, “estaban por buen camino”, aunque en una ocasión Patricio Marchán trató de agredirlo.
En este sentido, Pedro Espinosa, hermano de la víctima, también declaró: “Francisco me contó que tenía un par de juicios porque se sentía estafado. No era un tema del monto de la estafa, sino de la mala actitud de sus ex socios”.

Carolina Negrete, compañera de trabajo y asesora legal de Espinosa, relató a la Policía que él le comentó que la administración del negocio no era adecuada, pues se percató de que los aportes de mercadería que Néstor Marchán había realizado eran inferiores a los de Francisco, y que, por lo tanto, la participación en el capital debía rebalancearse para reflejar la realidad económica. Además,  que Marchán  contrató a su esposa Raquel Rivadeneira y a su hijo Patricio como empleados de la compañía, con sueldos elevados.

Ante ello, Francisco contrató a la empresa “Deltamontero”, que ofrece los servicios de contabilidad y control, para que realice el inventario de la compañía  “Zona Horaria”. Además, para que sirva de  mediador entre ambos socios.

Tras algunas propuestas de compra y venta del negocio, Francisco llegó a un acuerdo de 5 puntos con Néstor: la devolución de la mercadería aportada por Francisco por un valor de 125.000 dólares; la devolución a Francisco del local comercial de su propiedad situado en el Centro Comercial El Recreo, al sur de Quito, que era ocupado por “Zona Horaria”; la venta por parte de Francisco de todas sus participaciones en “Zona Horaria”; su renuncia al cargo de presidente de la compañía; y la liquidación final de cuentas.

El 25 de septiembre del 2009, “Zona Horaria” y Espinosa suscribieron un acta de entrega - recepción de mercadería y del local comercial.

Debido al volumen de la  mercancía, “Zona Horaria” y Espinosa acordaron que la misma sería valorada por  la empresa Deltamontero y que, de existir una diferencia a favor del ex socio, sería cancelada en efectivo por “Zona Horaria”.

Efectuada la valoración, se determinó que “Zona Horaria” debía cancelar a Espinosa un saldo por cerca de 25.000 dólares.

Los puntos que quedaban pendientes, según le contó Espinosa a Carolina, era la liquidación de cuentas, que ascendían a 130.000 dólares por concepto de aportes y préstamos que realizó a “Zona Horaria”, además del saldo referente a la mercadería y  el pago de algunas facturas pendientes por parte de la compañía a favor de Adriana Andrade, esposa de Espinosa, por 17.000 dólares.

Como Marchán no daba respuesta al pago, Espinosa inició acciones legales. Entonces vinieron los problemas que terminaron en la contratación de sicarios en septiembre del  2011, supuestamente, por parte de Patricio Marchán.
Según las investigaciones, los autores materiales de la muerte de Espinosa fueron Drayson Arenas (colombiano) y Ferney Correa, quienes dispararon a la víctima.

En el caso de Drayson, se determinó que sus movimientos bancarios  fueron inusuales, pues su cuenta registraba, generalmente, transacciones por menos de 300 dólares; pero un día antes de la muerte de Francisco, en esa cuenta se hizo un depósito de 2.000 dólares y un día después otro de 6.000.

El fiscal del caso, Henry Estrada, durante las audiencias de juzgamiento y  de llamamiento a juicio, efectuadas el martes pasado, dijo que  los depósitos y las pruebas reflejan  que Espinosa fue víctima de sicariato.

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